sábado 24/10/20

Decía don Geraldo

Nos están viendo desnudos o en braga rota por ahí fuera, lo que llamamos el extranjero. Qué vergüenza nacional. No dejan de ver y comentar que a España le arde la casa y solo discutimos cómo apagar mejor el fuego, si con calderos o con ventiladores, pues los bomberos de la vacuna tardarán en llegar un año o dos en su ambulancia, la Boni Facia SA.

Está España dando el espectáculo y ya no les hace falta a los pérfidos albiones y luteranos tirar de Leyenda Negra, aunque este tiberio de ahora nunca escandalizará a un extranjero tanto como nos escandaliza aquí a cada españolito que paga en carne propia ese alborotado espectáculo cuyo reparto encabezan Juan sin Fondos y Mariví la Opuesta, el rey Pánico y la reina Pocha. Y ya puestos (en butaca), nos ponemos a parir. Si es preciso, hasta nos matamos dejando al enemigo asombrado al ahorrarle la tarea y, además, divertirle burlándose de este país de futbolistas muy ricos y gente pobre que les bendice para poder maldecirles después. Así que, mientras llegan los bomberos, bien nos vendría un psiquiatra y unos cántaros de tila.

Debe tener el español algún gen inquisitorial contra sí mismo. No le hace falta crítico ni fiscal ni fiero enemigo al juzgarse. Y el derrotismo le emborracha. Sin embargo, cuando toca exaltar glorias o méritos, puede irse por los cerros de Covadonga mexiando sidras o por los de Úbeda si es un peo andalú el que le guía. Pero tampoco le dura mucho. En fin, ni el laudo de arbitrio ni el término medio se cultivan en la huerta nacional; y el humor inteligente en los apuros o reveses, mucho menos.

Gerald Brenan (para Carlos Cano don Geraldo), que tanto conoció El laberinto español y nos calaba hasta entendernos, decía que los españoles venimos a este mundo llamados a grandes metas o proezas, pero que a partir de los cuarenta, y viendo que no, solo nos empeñamos en culpar al mundo de no estar a la altura de nuestras circunstancias.

Y para predicar esta tragedia suya necesita imperiosamente el púlpito de un bar, apostilló Sócrates; cerradlos y desquiciaréis aún más a este país.

Decía don Geraldo
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