miércoles. 06.07.2022

El justillo

Hace no tanto, cuando lo escaso gobernaba los días y se devolvían a las tiendas los cascos que te cobraban por adelantado, una prenda vivía los últimos momentos de su larga historia: el justillo. Así la ajusta la Rae: Prenda interior sin mangas, que ciñe el cuerpo y no baja de la cintura.

El justillo que conocí de muy crío era como un peto de tela gruesa que tapaba el pecho y costados a modo de mascarillona atándose a la espalda y cuello con cintas para que no bailara en todo el día, por lo que tenía un algo de corsé. Era un parapeto contra el resfriarse, como los periódicos que los ciclistas clásicos se metían bajo la camiseta al bajar un puerto en esos días frescos que convierten el acalorado sudor de la subida en tiritona letal y enfermería. Algo así, pero en felpa amorosita, guata... o en tela de colchón viejo en las casas donde no se tiraba nada, ni siquiera las lágrimas saladas cuando la sopa estaba sosa o ellas eran la sopa.

El justillo, en fin, lo hacían indispensable la poca ropa de abrigo entonces y esta Capital del Invierno (Marga Merino la bautizó). Aquí la helada sabañón agrieta labios o taladra bronquios y la obsesión de toda madre era proteger el pecho del crío a toda costa, no había otra. Y a la noche, cataplasma de mostaza ardiendo o vivaporús.

Lógico odiar el justillo. Pocos del barrio lo llevaban o siquiera conocían; era algo anacrónico y un anuncio a voces de casa rancia o apurada. Lo llevé algún invierno. Y ya desaparecería para siempre, ya no era tan necesario, ya la calefacción empezaba a entrar en las casas. Pero las niñas lo odiaron aún más y alguna lo sufrió hasta de adolescente, impuesto para disimularle pechitos y alargar la doncellez de tabla.

Y todo es que ahora venga un modisto osado y firulí (si no lo es, irá de culo o no irá) reivindicando el justillo como prenda desahogada y haciéndola mandil de pecho viril o teta senil con la espalda al aire cruzada por cintas en zigzag (seguro que ya hay modelitos así, pero no desista el modisto pispo, añádale algo étnico, ecológico, indignado o muchos colorines... y lo petará).

El justillo
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