miércoles. 08.02.2023

En alpargatas

Mue quedo absorto, una vez más, ante una foto de talibanes armados en alguna montaña de ese Afganistán exageradamente montañoso. Si no fuera por las armas, la foto podría ser de hace un siglo o un cuadro antiguo. Qué plasticidad. Qué gente. Visten lo suyo de siempre: pantalonada bombacha, camisola de faldón, chaleco encima y siempre con esa gorra tan propia, rara y aparatosa que acabó adoptando Marco Polo. Y si hiela, se añaden una manta por manteo.

 

Aunque su causa o estilo muevan a repulsión, son gente admirable, muyahidines irreductibles, duros de pelar como los vietcong que sacaron de quicio, de bajas y de presupuesto al ejército más artillado del mundo. Ahora, tras 18 inútiles años, los americanos abandonarán también este otro Vietnam. Bye bye, Kabul, dice Trump. Que te den por Alá, replica el talibán («estudiante») que en los últimos ¡cuarenta años! lleva haciendo guerra feroz e inacabable... ¡en alpargatas!... no hay prendas militares ni pertrechos, son pueblo vestido de calle, tela de algodón contra las balas... y un Corán en el bolsillo.

 

Antes, en 1989, ya salieron con el rabo entre las piernas los rusos tras diez fallidos años de ocupación con 100.000 hombres apoyando a un régimen títere comunista que obró un milagro: llenar más que nunca las mezquitas donde la palabra del imán era munición gruesa hasta que su islamismo brutal asaltó el poder en 1996 apoyado por Pakistán y extirpando de cuajo la modernización, la occidentalización, el laicismo, los Budas, las mujeres sin burka, la educación mixta y todo lo que oliera a hombre blanco. Las aguas volvían a su cauce secular y la historia volvió a detenerse. Finalmente, en 2001, vino Bush a liarla parda con su Operación Libertad Duradera. Y vaya risa floja. Hasta hoy.

 

El pie informativo de esta foto confirma lo inevitable: los talibán siguen creciendo y su aceptación popular se amplía. De no creer. Alá no es grande, es gigante. Contra él, ni rusos ni americanos lograron nada especial con su imponente gasto y carnicería.

 

¿Y qué aprendimos de todo esto?...

En alpargatas
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