lunes. 08.08.2022

Ese perro triste

El galgo es el gato de los perros, va a su albur algo pasota y nunca le verás corriendo tras pelotita o palo. No juega ni hace monerías y más que de compañía faldera, fue siempre perro de brega y utilidad, cazaliebres puro. Sólo su estirpe afgana entraba en casas como seña noble desde que los zares lo tenían en palacio; a sus pies aparece en cuadros y fotos. Nicolás II lo veía aristocrático; con tanta lana larga parece llevar capa pluvial que exige peinarle sin cesar. El galgo es en campo abierto gozo y espectáculo, pero en ciudad, condenado al piso, se queda en lo piji y en la tortura cruel que le supone la cárcel de hormigón y asfalto.

Del sur leonés a Extremadura y por toda la ancha Castilla el galgo era la escopeta del pobre, pero también el mordisco del que caza a caballo o en concurso subido a un negocio que sigue concluyendo la temporada con los galgos menos cazones o flojos ahorcados de una encina; y es que el galgo mueve en España más de setenta millones de euros al año; las sociedades galgueras usan unos 4.000 en carreras y concursos y se cifra en 20.000 los abandonados. Perro de vieja historia. Ya en las dos primeras líneas del Quijote Cervantes lo cita: el hidalgo tenía «rocín flaco y galgo corredor». Por entonces era raza pura, galgo español, del que surgió el galgo inglés (más robusto de pecho y veloz porque lo querían para las carreras de apuestas) que después se trajo para cruzarlo aquí de nuevo con el español haciendo peligrar nuestra raza. Pero siempre será el galgo un perro singular, estilizado en su paseo, flecha en sus persecuciones, galgo que veíamos de niños con su tanganillo o palitroque colgado del cuello para impedirle correr la caza en tiempo de veda, aunque un anciano solitario que vivía en Cantamilanos nunca se lo ponía a sus dos lebreles con los que cazaba todo el año conejos en el monte de San Isidro cuyas pieles eran su único sustento; qué paisano... enigmático como esta raza. Pero nunca veré al galgo como perro de piso y calle, galgo que siempre nos mira con ojos tristes por verse cautivo de por vida.

Ese perro triste
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