sábado 27/2/21

Gentil matarile

Conocimos a ese fenómeno en su finca encinera pegada a Jiménez de Jamuz (me chifla este precioso nombre para hacer sufrir al amigo guiri de lengua de trapo intentando que lo pronuncie, jjji, jjja, como quien dice «bájame la jaula, Jaime, bájamela») y nos impresionó su estampa. Con razón era un orgullo para José Gordón, que lo ha venido teniendo allí unos cuantos años largos de emblema de sus sueños puestos sobre el terreno y ya hoy en su senda andando solos y campeando futuros, sueños de cuatro patas y lomos redondos. Lo llamó «Gentil», aunque por su envergadura mejor debió ser «Gentilón Campanón», pedazo animal, más de mil kilos, buey suelto demostrando lo bueno que le viene al cuerpo el bien lamerse... y hasta el bien llamarse... de Azores lo habían traido, creí oír, y aquí, donde el invierno te hace apretar el culo y el músculo, entreveraba grasa en sus carnes para hacerla algún día mantequilla en la boca de alguien que llegará de muy lejos -esa fama alcanza a Nueva York o Azerbayán- para comprobar en el plato lo que los conocedores alaban de esa carne tras pasar su chuletón por un breve infierno de glorias y aleluyas en las brasas del asador donde llora profusamente unos lagrimones de grasa que al instante se hacen humo de incienso acre en el fuego para subir a los cielos una gratitud litúrgica por tanto don inmerecido.

En ese plato veremos ahora a «Gentil» tras una vida muuucho más larga de la que se asigna a animales de carne. Vivió largo y regaladamente, carretillo de pienso al día y ahí se las dieron todas. Era abuelazo en su sazón. Y matarile gentil le dió José Gordón no sin la pena de perder un amigo. Su homenaje al bicho corre por la redes; gritas ahí ¡Gentil! y viene el toraco en vivo o en chuletero, mientras un sordo intento de escandalera vegetariana lanza anatemas en su papel airado y redentor. Pero esos bueyes de «El Capricho» están reanimando allí un campo difunto donde el proselitista vegano converso o animalista cerril solo siembran linda cizañita lírica entre dos alcachofas... y desde lejos., sin pisar, no sea qué.

Gentil matarile
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