jueves 21/1/21

Hombre, Luisito

Creo que Antonio Pereira, henchido de orgullo y vera amistad, hubiera exclamado el jueves ¡hombre, Luisito, muchísima enhorabuena, mucha, mucha!, al conocer que le habían concedido el Premio Nacional de las Letras a Luis Mateo Díez. También Pereira llamó siempre Luisito a un del Olmo que le sacaba la cabeza y eso a Luis le masajeaba mucho el ánimo. Cuando alguien te llama con un diminutivo tienes la certeza de que sinceramente se alegra de verte; en lo demás cabe el teatro cortés, el palo seco y hasta el desdén.

Pereira y Mateo son mi devoción y simpatía primera en la estantería literaria leonesa no solo porque lo que escriben encandila y nutre, sino porque su mejor literatura está en su hablar de verso llano o en su actitud ante los días, que vienen como vienen a veces presos en fatalidades o con un hijo roto... literatura en el trato con la gente, aunque no toda venga de frente. Pereira se nos fue y ahora Mateo es el guardián de la ironía inteligente que busca bondad y agradece encuentros. ¿Cabe mayor generosidad -y honradez- cuando dice él que si ha llegado a ser algo en la literatura o en los afanes de la vida lo ha sido por los amigos y hasta lo repite diez veces por si alguno dudó aún en la novena?... cuando alguien hace reposar su grandeza en otros, no solo se exfolia legítima vanidad y elogio merecido, sino que se acredita como buen pagador, ese título que le permite a uno ir a toda feria con la solvencia por delante, la palabra dada y, además, tan bien bordada como Luis Mateo lo logra en cada página de su larga obra, así que ya le llaman el mejor prosista vivo de esta viva España que ahora baila con la muerte y hay quien le hace fiestas.

Además, con esa cara entre Ramón y Cajal y Juan Ramón Jiménez dibujada por un Greco fino con un aire de la risueña tristeza de su querido Andrés Viñuela, solo dan ganas de leerle a quien no le conozca y de abrazarle a todos los que le saben... o qué coños, ¡de besarte!, ¡a la mierda la mascarilla!, aquí se puede, y ahí te va, querido Mateus, un cesto de besos... nunca dejes de inspirarnos.

Hombre, Luisito
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