martes. 28.06.2022

Inventar tradición

Mira el álbum familiar, ¿en cuántas fotos de boda de tus antepasados aparece la novia de blanco?, ¿ni una? Normal, no era costumbre, y menos aún meterle nube de tul, velo de blonda y cola emperatriz, aunque en tiempos de nuestras bisabuelas la Europa mujer ya había empezado tímidamente a casarse de blanco por ponerlo de moda la reina Victoria que escandalizó a todos haciéndolo de este color, lo nunca visto. Pero por vieja tradición se tiene el blanca y radiante va la novia. También se cree que la falda escocesa es tradición ancestral (y más en el cine), pero fue invento de un ingeniero inglés en el s. XVIII; y de esa reciente época es también la gaita de tres roncones hecha después bandera sonora de Escocia. Las tradiciones nacen de algún invento. Y siempre es moda inventar tradiciones (ejemplo cercano: el traje de flamenca no se inventó hasta finales del XIX y sólo se hizo popular a duras penas tras la Feria Iberoamericana de Sevilla de 1929, anteayer).

De esto hablaba en Cambridge el historiador Eric Hobsbawm y su libro imprescindible, «La invención de la tradición» (1983), donde queda claro que hasta «la nación es un invento moderno y la mayoría de los símbolos, ritos y tradiciones que hoy tienden a considerarse como muy antiguos, se crearon en realidad, entre 1870 y 1914»... y lo mismo dice de las lenguas: «son en gran medida producto de invención para que sólo una élite las hable» y pone como ejemplo el idioma flamenco enseñado en las escuelas, que no es el que las abuelas y madres de Flandes enseñaban a sus hijos, lo que podría decirse aquí del lleunés que uno de Valderas o Cistierna no oyó jamás ni a tatarabuelas, sonándole hoy a jerga y negándose a aprenderlo para acabar no entendiéndose con nadie en la vida, en los negocios o en la cama. Pero los nacionalismos que hoy rebrotan y coñean necesitan perentoriamente resucitar o inventar una lengua para convertirla en tradicional y popular, aunque nunca lo haya sido, ni pueda serlo jamás mañana. Las tradiciones se inventan para tapar complejos. Y las ordeña el político.

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