jueves 19/5/22

La ciudad vacía

Contra las bombas, poesía... contra la epidemia, canción... contra el olvido, memoria... contra el ruido, rumor de arroyo y alas de brisa que no cesan de batir y volar... contra las ráfagas de la mentira, palabras sin collar... y contra la pereza de pensar, un latigazo escrito de MMdeL en la espalda de los vagos, los cómplices, los felices infelices, los quietos de barra y grada, los agradecidos, los pamposaos y los tibios que vomitan los evangelios. Porque estas prescripciones fueron ayer receta en un recital sobre la obra de Margarita Merino, ausentada ya un tiempo largo de esta sociedad de homenajes mutuos que es León, aunque no por ello menos imbricada en el latir leonés que le sigue siendo cuna donde mecer melancolías y alguna furia escarchada que ella reboza de piedad para que ninguna sangre contamine el río limpio de borbotón cantarín al que echa a navegar barquichuelas de corteza de chopo cargadas de gritos de bondad y voces desesperadas confiando que se varen en lejanas orillas desde las que buscar los surcos donde se clavan las lanzas que quieren ser árboles de nuevo.

De su última poesía tras su trabajazo doctoral sobre «La edades poéticas de Antonio Gamoneda», causa especial emoción «De la ciudad vacía (manifiesto mapache)» estofada a fuego lento en esta epidemia que tanta cosa y gente resitúa y que, destetada y envalentonada, llamó a una guerra ucraniana para hacer universal el desasosiego. He creído ver en este poemario un memorandum de la ciudad -este León madrastrona que ella bautizó capital del invierno; hasta en primavera, añadiré-, una capitulación de los recuerdos, de los maestros, de las gratitudes, de la infancia, los amigos, las lecturas, el padre, el escribir, los sueños rotos, la gente muerta, los campos prometidos, las batallas aún por ganar... Como poeta Marga es, afortunadamente, inclasificable; ni su estilo ni su palpitar son fonda fija donde esperar la sopa boba del halago. Y así ella es libre, y tan rara aquí como esta catedral inmerecida que se alza sobre un rebaño de casas de barro ladrillero y boina de teja.

La ciudad vacía
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