martes 17/5/22

La más bonita

A mucha envidia pía nos mueve Zamora tras salir elegida su Semana Santa (quizá la más antigua, 1273) como «la más bonita» de España, Semana que el leonés, tan contiguo, desconoce aunque le suene su tradicional sobriedad, austeridad, silencio, respeto y fervor, virtudes ya tan ausentes en las semanasantas turistizadas o reinventadas en tanto lugar o contaminadas de ritos lejanos, nuevos o impropios, lo que también acusa a lo tonto la Semana leonesa, en su día no menos sobria que la zamorana, pero rendida hoy a folklorismos piadosos o tararís desconocidos. ¿Quién osaría antes en León aplaudir a los pasos imitando hoy a la feria pasional sevillí? ¿Cuándo se vio el manoleo de mil manolas enmanoladas que hoy manolean en su pasarela procesional? ¿Y esas marchas militares que cuelan las bandas? ¿Cómo no añorar el gregoriano a coro o los misereres de capas pardas del Viernes zamorano o el silencio sobrecogedor sin tamborradas ni gaitas de los amortajados de Bercianos de Aliste?... ay, Zamora.

El alarde procesional nació medievalmente para ostentar fe férrea y no parecer moro o judío; lo amplió la Contrarreforma con tremendismo barroco, réplica a lo protestante. Pero la ostentación es siempre un ruido llamando a más ruido. Esto le asombró de estas procesiones a un belga discípulo del famoso teólogo Schillebeeckx, Matheus Vermeiren, al que nos rogó atender un amigo hace unos años a su paso por León camino a un retiro en el monasterio de Oseira. Oyendo el estruendo de tambores y cornetas nos recordó apenado la orden de Jesús: «cuando vayáis a orar al templo no lo hagáis como esos fariseos precedidos de trompetas». Pero viendo después a muchos militares armados escoltando pasos, se escandalizó aún más: ¿acaso es católico ferviente vuestro Ejército y está el procesionar en su papel militar en un estado aconfesional?, ¿es que no expulsó Jesús las armas del Huerto de los Olivos?... y lamentó lo fetichista de esta fe popular que se queda en ostentación farisea y ruidosa, esperando curarse de tararís en el silencio trapense de Oseira.

La más bonita
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