miércoles. 10.08.2022

La tumba del calzón

Hace seis años el gobierno canadiense sugirió a sus ciudadanos enterrar por ahí calzoncillos, siempre y cuando fueran cien por cien de algodón. ¿Enterrar calzoncillos?... siempre hay noticias absurdas (la información es espectáculo), pero esta no lo fue pese a parecerlo, pues Canadá es un país reputado y tiene buena intención ese enterramiento (no es necesario oficiar funeral ni echar responsos, que el muerto no deja de ser un puto calzoncillo, aunque sea ese que fue tu favorito entre el resto). Lo que se busca es saber si la tierra, el suelo del lugar, está agotada o escurrida de poder orgánico, ya que tras dos meses enterrado no tiene que quedar nada del calzoncillo, salvo el elástico, indicando así que esa tierra tiene sus bacterias, microorganismos y lombrices que habrán devorado el tejido al ser el algodón una fibra vegetal altamente biodegradable. En caso contrario, es indicativo de que esa tierra está fatigada, esquilmada o pobre, y en consecuencia no debe cultivarse o explotarse hasta que se nutra de nuevo y se reponga de flacuras.

Se entiende que el calzoncillo a enterrar ha de ser viejo, usado, pero no aclaró el gobierno canadiense si han de estar lavados o no, aunque la lógica indica que sucios tendrán su propina añadida de abono fertilizante, su premio. Otavito, ante temas así, se reboza en ocurrencias y tiró de carrete: Nada mejor que el culo para plantar una berza: el abono está seguro y el riego está siempre cerca... risotadas al canto... y aunque se sabe que Dios encargó a un ingeniero el diseño del cuerpo humano, no lo hizo un ingeniero de la rama eléctrica, dado su complicado sistema nervioso-transmisor, ni tampoco uno de la rama mecánica-robótica, dado el complejo sistema de movilidad ósea y muscular... no, el cuerpo humano fue diseñado por un ingeniero municipal... ¡!... ¿y eso?, le preguntamos resignados conociendo de sobra el chiste... pues porque a ningún otro tuercebotas se le hubiera ocurrido poner los desagües junto al área recreativa... y así, la tertulia que había empezado ocurrente y ambientalista, acabó a lo bobo.

La tumba del calzón
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