miércoles 25/11/20

No se fían

Nos cabreamos aquí porque los que llaman «países frugales» (antes, la Europa luterana y, por tanto, la del puritanismo moral y fe industriosa que la hicieron próspera y envidiable) han impuesto severos límites para que la pasta que nos da la Comunidad Europea (junto a un parche para el ojo, que andamos tuertos aquí por las pedradas que nos dan dos virus con corona) no se convierta en una apresurada carrera de interesadas ocurrencias y gastos piruleros de Antón Ministro y Palmerín Separata. Dicen por ahí arriba que hay precedentes, que al gobierno de Zapatero ya se le ocurrió a finales de 2008 botar una balsa de papel moneda mojado contra una galerna que traía naufragios, un Plan E, barricada contra la avalancha de la crisis, plan que habilitó a toda prisa proyectos precipitados o desechados y obras de dudosa o nula necesidad, delirantes algunas como rotondas ovoides o canchas de pádel en la ruralidad despoblada. Eso es cebada al rabo, advirtieron los luteranos de la Merkel ante los 8.000 millones de alegre rebatina que, de media, proporcionó a cada untamiento el gasto de todo un año, lotería universal... y no hubo amigo con hormigonera o escultor rotondero que no pillara. Así fue.

Europa lo sabe y ya no se fía. Aquí lo sabemos también... ¿y?... eso que adelantamos, es nuestro Plan Reincide. Ahora solo importa que esta vez el padrino manirroto nos caiga cerca con su bolsao de fites y perras a la salida del bautizo de esta criatura, aún sin apellidos ni reglamento (se ignora -o no se dice- cómo se gestionará esa fortuna que hará esclavos de la deuda a los españoles otro medio siglo más, herencia envenenada para los nietos de hoy).

La mala reputación nos precede y nos anuncia como se hace con los embajadores. Y ojo, la mejor credencial que tenemos ahora es el Emérito (y del rey abajo, todos). Qué difícil es levantar la mala fama engordada en siglos y añadiendo, además, el cachondeíto y amiguismo que aquí nos traemos para disimularlo.

Rezo a quien sea para que esto sea solo un mal presentimiento mío, esta poca fe que me queda para tantas cosas.

No se fían
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