domingo. 26.06.2022

Parar al parador

Fue toda su primera y feliz vida «el Hostal», aunque por su leñazo en las facturas lo rebautizó «el Hostial» un cura culto con derecho a coña, Antonio González de Lama. Aquí ni siquiera era necesario apellidarlo San Marcos; con decir el Hostal sobraba. Después lo llamaron «parador» y con este nombre inició su decadencia el que fue joya señera de la red junto al Hostal de los Reyes Católicos de Compostela. Lo de parador lo hace común, vulgar, y su viejo y singular Hostal ya sólo sirvió para marca de legumbres. Pero ¿qué significa «parador» realmente: «donde se para» o «el que para»?. Que hable el diccionario: lo primero es «parador: que para o se para» (uy); sólo su quinta acepción define «posada o mesón» y la sexta, más específicamente, «parador nacional de turismo», de modo que la palabra trajo algo de gafura viendo los sucesivos abandonos de los cacareados y caprichosos planes de futuro que le han ido pariendo en los últimos quince años. Del humo megalómano que vendió Miguel Martínez a las gaitas templadas de Óscar López cupo de todo; y en la dirección que nombró el PP, todo lo demás y lo contrario, hasta llegar a un actual presidente de Paradores de Dios nos libre, un Pedro Saura abalista, o sea, del dedazo de Ábalos. Madremía, qué destino el de León y su Hostial, al que ahora, una vez más, dejan fuera de las inversiones en esa red, rodando por aquí otra vez nuestro aburrido lamento de todo quedó en lo hablado como en la escuela de Mora.

De lo anunciado en la reforma de 2017 sólo se ejecutó un tercio, mientras no pocos se preguntan aún si fue tan necesario e inteligente ese obrón desfigurador que derribó gran parte y creó unos interiores de frígida e insolente modernidad vulgar para verse ahora como un NH o AC de cualquier sitio, por más que se ofenda la arquitecta portuguesa que lo alumbró precedida de no sé qué méritos y buscando algún premio en la Sociedad de Halagos Mutuos de la arquitectura molona. Así las cosas, León tendrá que parar al parador que para la inversión. Y correrle a gorrazos por Ordoño es lo mínimo.

Parar al parador
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