viernes 20/5/22

Que hable el agua

Yo por estos ríos mataría a quien los robe o se cague en ellos; y no es sólo metáfora o matafuero, esa gente no tiene indulto, así que de mano también yo me cago en su dios, pues ese agua es de todos y la primera urgencia de todo ser, la paz de su sed... y su sed de futuro. Aguas vengan, aguas vayan. Si limpias nacen, que corran limpias en su arroyo, su río, presa o regato, libres... y del común que no es sólo la gente, sino también bichos y plantas que bebieron ese agua milenios antes que tú y que yo y que esos ladrones que hoy la siguen esquilmando, contaminando, privatizando...

Me cuentan que se ha creado una asociación llamada Cuenca del Torío cuyo objetivo es la «conservación, mejora y gestión de los regadíos tradicionales por ser uno de los ecosistemas agrarios de mayor valor medioambiental, paisajístico y etnográfico de la provincia», un valor que salta a la vista con sólo pedirle el ojo de halcón a Google Earth e ir leyendo su lecho y soto y ese tapete irregular y secular de su pradería en la vega con mucha sebe arbolada y con su escolta a cada lado de gran monte roblizo por el que un corzo puede ir hoy de Campohermoso a La Candamia brincando su buena suerte.

Roma alzó cuartelón fortificado en lo bajero de este río y pidió aguas arriba hierba para sus bestias y nabos para la tropa, naciendo así puertos, presas, regueras, acueductos, molinos, serrerías y batanes modelándole al Torío un traje fluvial de faena agraria que en lo básico permaneció inalterado hasta hoy. ¿Qué cerril discutiría este valor patrimonial, esta huella arqueológica tan visible y viva que dobla en edad a la Catedral?, ¿y quién se atreverá a borrarla por mirar a este río como sólo una fuerza hidráulica o un mero tributario?... El Torío es un puro museo y su vigor biológico/truchero se debió a los puertos de estacada de los que nacían «ríos del hombre», esas presas que no pueden morir porque sí, salvo que quieran asesinar la razón, la memoria y un agua que sabe hablar y seducir (doy fe; y qué le voy a hacer si yo nací en su orilla zurda entre Matueca y Manzaneda).

Que hable el agua
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