domingo 22/5/22

¿Quién se inquietó?

Clamor enorme, bulto en las calles, grito en las nubes... «León rugió», tituló uno como si el enfadado ronquido del rey menguante volviera a adueñarse del viento que cruza esta selva deforestada que ya enseña calvas y desiertos, pero... ¿cómo debe llamarse a la manifestación «por León» que salió a la calle antier en Ponferrada, Villablino y la capital?, ¿rebelión o rogativa, levantamiento o procesión (faroles y cristos se vieron unos cuantos, aunque vírgenes pocas), sublevación o pasarela?, pues quedó claro que no pocos acudieron a ese grito desfilante al ver apuntado ahí a todiós o, peor, a la competencia, siendo imperioso, pues, dejarse ver y que no digan; ¿osó alguien descolgarse o considerar que esta no era la manera más oportuna ni la más eficaz para lograr lo que ahí se expuso, rogó o exigió quedándose en una resignada, jeremíaca y efímera explosión cuyo eco le llega resumido en un risueño tuit a los culpables lejanos a los que gritó esta calle?, ¿le inquietó de verdad al poder ese voceado cortejo de penas y expolios?, ¿se inquietó Mañueco?, ¿se inquieta Sánchez?, porque en los dos casos dijeron «pásame la sal».

Pero, de este modo, partidos, sindicatos, entes, parientes y algún babayu de cupu no vieron oportunidad mejor que esta ilusión de confluencias para lucirse en galas de amor morido por esta tierra como en un «todos somos de León (¿todos?), contentos de estar aquí, paso la vida llorando, León, por ti; ¡alza el rabo, León!, ¡tonomía pa León!, que por no tenerla nos vinieron todos los males». Y ya no hay más razón que esa para explicar lo que aquí ha venido sucediendo en las cuatro décadas en que el pueblo pudo gobernarse tras dictaduras nacionales y provinciales eligiendo a sus representantes para arreglar el desafuero. ¿No habría quizá que repartir algo más las culpas del declive en el que bracea León empezando por las domésticas y más atajables, diagnosticando mejor así el mal y decretando en consecuencia pomada de palo o cirujía radical?... Cuánta razón tendría mi santa madre diciendo aquí: Este mal que no mejora... no es de ahora.

¿Quién se inquietó?
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