sábado 27/2/21

Repetimos

Trinchera es también la boca si uno se empeña en usar de munición palabras distintas, otra lengua, además de otro pensar.


En Cataluña la lengua sigue dando de qué hablar. Hubo otro manifiesto de no sé cuántos intelectuales y se armó otro lío, objetivo previsible. Qué matraca.
Sócrates cree que si un diputado catalán hace uso de su lengua en las Cortes es gesto legítimo de normalización, aunque su señoría sepa que el noventa por ciento de la cámara no le entenderá, ni mucho menos alcanzará al matiz y sutileza que se espera en el discurso de un político fino. Es decir, sabiendo que el no entender es la puerta del no entenderse, ¿a qué persisten?. ¿qué tal si hablan una lengua sola al menos cuando se trate de palabras mayores?... nada, por ahorrar equívocos y no hablar a las tapias.
Ahora toca al valenciá ganar sus batallas de reconquista alentadas desde instituciones gobernadas por una izquierda reeditada que saca viruta del antiespañolismo creciente y lógico tras tanta década de mangancia nacional en la gobernación de la cosas y las gentes. Saben que estos tiempos críticos son los mejores para reeditar también el cantón, la nación nueva, la frontera... y si se tiene una lengua, no hay mejor arma o evidencia. A la gente le gusta creerse diferente (y así, independiente) por dos razones: para sentirse superior y que no le toquen sus privilegios, aunque generalmente es para creárselos.


¿Y tan sólo por tener una lengua, un dialecto o una jerga local hay quien se tiene por diferente? ¿Por eso se convierte un vocabulario particular en bandera o bayoneta? Mucho catalán quiere ver al español orillado, preferiblemente proscrito; lo anhelan desde cuando el catalán se orillaba o se prohibía «Francamente», algo que alentó esa furia civil que hoy luce eufórica y huele tanto a revancha... igual de necia.

(Este artículo apareció aquí hace cuatro años y podría haberse escrito hoy al ver al que el catalán cañonero clama y recurre hoy la sentencia del Contitucional que obliga a un poquito de castellano al menos en sus escuelas).

Repetimos
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