martes 24/5/22

¡Susórdenes!

S e está inyectando más gente a escondidas que en los 80.

Corría que se las pelaba ayer este tuit por las redes del confinar porque se repiten las noticias de los muchos que se están saltando la cola por sus huevos, por su vara o su fajín. Tras la tapia del protocolo, coroneles, alcaldes, consejeros, diputados, curas, chóferes, familiares o arrimados se pegan chute vacunil clandestino de bóbilis-bóbilis, respiran después tranquilidad tras el pinchacito a la moralidad y entonan agradecidos la antífona «el que venga detrás, que arree»... o «marica el último» para ir como de broma.

La cúpula militar -¡cúpula y cópula van tan a menudo juntas!- tampoco renunció a darse ese chute, esto es, a dar ejemplo, pero en el Ejército todo ejemplo es una orden: de ahí para abajo, todos, ¡susórdenes!, diría Forges, el que más chifle, capador. Si el jefe del Estado Mayor se chuta, barra libre para la tropa pícara, sírvase el pillo... ¡más vacunas, esto es la guerra!, y en la guerra, como en la guerra, los militares son servicio esencial y sus mandos, defensa estratégica de la nación... ¡apártense ustedes y déjenles pasar primero!...

Pero el pueblo rabia indignado, los «in fragranti» se resistieron a dimitir y nadie parece ver motivos para avergonzarse ante la ciudadanía estafada que, sin embargo, agradece que se abran fisuras en el hermitismo militar tradicional de este país y se puedan saber hoy estas cosas... sabiendo también que seguirá rigiendo ahí el principio de que «todo lo que pasa en el Ejército se queda en el Ejército» (como lo de «poli no denuncia a poli»); sobran ejemplos de corrupción de quien lo hizo Casino con garitos y contraseñas. El Ejército no es solo esa cara heroica de nuestras tropas mandadas a los confines del peligro de muerte o los solidarios soldados de la UME con los que se salva la honra pública y la cara del estamento... también son despachos, políticas, ascensos y traiciones, establecimiento burocrático gigante, corruptelas, exceso de cupo de ociosos e intrigantes o, como ahora, de aprovechados... qué buen vassallo si oviesse buen señor.

¡Susórdenes!
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