jueves 19/5/22

Viene san Marshall

Pide Biden a su Congreso dólares para armar a Ucrania ininterrumpidamente y eso es ser ya beligerante sin declaración de guerra... a esta caridad bélica se apuntó anteayer un Sánchez urgido de foto con Zelenski llevándole un modesto carrito de armas ligeras y camiones... Noam Chomsky, filósofo, politólogo y activista, cree que Putin pensará en nuclear si se ve humillado al no temer hecatombes o salidas suicidas... expertos como el historiador británico Niall Ferguson creen bastante inminente la mundialización del conflicto... incrementar presupuesto militar y renovar arsenales se torna asunto prioritario para todos los gobiernos dando un calambrazo de gusto a los fabricantes y traficantes de armamento que no dejan de exclamar ¡viva la feria!... Putin no disimula su cólera zarista y exige a su ejército sitiar el último foco de resistencia en Mariúpol para que no entre ni escape de allí una mosca; ¿es que piensa matar de inanición a los dos mil que resisten en la vieja siderurgia?; témanlo, ya no disimula la ira que le galopa por dentro y fuera tras perder demasiados aparatos de matar y carne de cañón, miles de soldados caídos cuyos cuerpos no quiere siquiera repatriar y se pudren en camiones o campos... crece la ira conforme van apareciendo fosas comunes en los rastros del repliegue ruso y en los nuevos frentes de avance; es una ira que también galopa hacia Occidente contagiando furias porque la onda expansiva de esa guerra no crece sólo en la general indignación y solidaridad con la tragedia ucraniana, sino especialmente donde más duele, en la cartera, disparando precios y sembrando inflación... la que se está armando en Ucrania alarma y desespera; ya nadie, desde el gobernante al peatón, disimula el temor de que esto irá a más o mucho más... y pese a todo, coinciden en optimismo Sócrates y el Oráculo de Pedrún. Todos tienen mucho que perder ya, dicen. Esto se acaba en tres meses, ya gastado el arsenal renovable. Se negociarán sitios y despojos y ya todos atenderán más que nada al grandísimo negocio que viene: la reconstrucción... y san Marshall.

Viene san Marshall
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