lunes 26.08.2019

Diario finito

Celebramos Sanseacabó viendo que todo salió bien; finito. Hace ya días que los pichones abandonaron el nido que sus padres hicieron en nuestro balcón y concluyó el privilegio de poder observar durante casi dos meses toda la operación desde mi mesa a metro y medio, del huevo al pollo, del pichón al palomino. Se fueron mucho antes de los 33 días con que mide el manual su crianza, aunque han seguido exigiendo el papeo materno, incluso en este balcón al que volvían alguna vez a la hora del rancho, rutina de viejo comedor de internado. Después, zapatilla y a lo suyo, a todos los campeos de exploración y aprendizaje que sin duda están haciendo por ahí con los «papases» en modo autoescuela.

 

¿Y qué aprendimos?... pues que una cosa es que las palomas torcaces se estén haciendo urbanas —algo incontestable en los últimos años— y otra muy distinta que se hagan tan-tan familiares, que pasen de metérsete en la cocina a prepararte unas judías con chorizo; a su estilo, además. En realidad, la paloma bravía hizo lo mismo hace siglos para convertirse en las domésticas que pueblan las geografías urbanas de todo el mundo, palomas que incluso se dejaron hacer casa por el hombre, bellísimo palomar y hotel palacio, con el único fin de robarles la crianza bien godita... de robaniños, en fin... ¡y cómo de ricos quedan los pichones con arroz!... era a veces la única carne que caía en el plato labrador de gallina vieja como mucho (en lo excelso están los pichones que prepara Luis el de Cecilio en Casa Lera, Castroverde cercano y terracampino; le cuento la precocidad de nuestra nidada y dice que últimamente es lo frecuente entre torcaces, son más fuertes y bravas; y Luis de palomas sabe un huevo en esa tierra que tanto palomar sembró en sus Campos).

 

Nuestros pichones se dejan ver en el contiguo gran solar de ruinas y frondas tras Las Cercas. Lo frecuentan más torcaces, unas veinte, como nunca. Buena señal para ellas mientras puedan sortear la trampa municipal. Eso sí, las torcaces son racistas, jamás congenian con otras. ¿Será por eso su éxito?...

Diario finito
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