martes 17.09.2019

La idea pintada

Más vale una imagen escrita que mil palabras imaginadas... más vale una idea dibujada que mil imágenes en verso... y más caga un buey que cien golondrinas.

 

Ahí ha venido Manuel Sierra demostrándolo en dilatada carrera de lápices y pinceles y aquí nos viene a mostrarlo ahora con cuatro exposiciones simultáneas, antología bajo el título general «» que ya puede verse en el Museo de León, fundación Vela Zanetti, Harinera de Gordoncillo y en la sala Bernesga.

 

Pese a no estar exaltado como debiera en este parnasillo provincial de las artes plásticas, no creo que haya un pintor leonés que coleccione más miradas y ojos plantados en su obra; y no solo por la profusión de murales de calle que perpetúa su trabajo en diferentes ciudades o pueblos, murales con lírica de combate y apasionados gritos por la justicia social, la naturaleza, la humanidad... sino por su profusa firma en los campos de la ilustración, del óleo, del acrílico, del grabado, de la cuartilla al toldo, del cartelismo al diseño, del estallido del color al negrismo en tinta... sin especiales desviaciones de su estilo plástico y del mandato que le sale de las tripas: que se entienda claro el mensaje y que emocione el contarlo; lo llamaremos «la idea pintada».

 

La envidia, que es el creativo combustible de artistas, no puede elogiar más a Manolo Sierra que al atreverse a tildar su obra de «naif cúbico» demasiado figurativo y con un algo infantil, olvidando que la obsesión de Picasso era precisamente llegar un día a poder pintar como un niño. Y el niño lacianiego que fue Manolo entre asombros y temores, entre sombras y lumbres, cocinas y guariches o prados y flores, sigue tamborileando en él, patria-infancia que se le hace leal a la madre, al valle madre, a la idea madre. Lealtad, compromiso ideológico, político, melodía encendida, igualdad entre colores, ni uno sobra; y casando tres, repite en su obra la trinidad de un sueño republicano inacabado.

 

Los pájaros de la Razón hacen nido en sus árboles, en su valle.

La idea pintada