miércoles 26.02.2020

¿El que no llora, no mama…?

De repente a la Junta le han entrado las prisas por disponer de unos nuevos Presupuestos de la Comunidad. Estatuto de Autonomía en mano, tendría que haber presentado el proyecto antes del pasado 15 de octubre, pero pasó olímpicamente de hacerlo. Al contrario que la mayoría de las comunidades, que han hecho los deberes, el Gobierno bipartito PP-Ciudadanos optó sin más por prorrogar por segundo año consecutivo los Presupuestos de 2018, que seguirán vigentes mientras no se aprueben otros.

Estas sobrevenidas prisas presupuestarias se han producido justamente después de la pasada visita del presidente de la Junta a León, en la que Alfonso Fernández Mañueco se comprometió con las instituciones leonesas a impulsar determinadas actuaciones supeditadas a la previa aprobación de unos nuevos Presupuestos de la Comunidad. Ha tenido que producirse dicha visita para que la Junta haya reparado en el pequeño detalle de que las prorrogas presupuestarias permiten seguir prestando los servicios públicos esenciales, pero no acometer ninguna inversión no programada en ejercicios anteriores.

La tentativa segregacionista emprendida por el alcalde de León apenas ha prendido en unos cuantos municipios y, no habiendo encontrado eco en la Diputación, no pasará de ser un episodio testimonial. Pero no por ello deja de ser un hecho la desafección transversal de una buena parte de la población leonesa con la actual comunidad autónoma. Y aunque ello no se deba, tal como de forma simplista sostiene el PSOE, exclusivamente a la desatención del gobierno autonómico, es evidente que la Junta nunca se ha molestado en combatir ese sentimiento de agravio comparativo.

Diríase que el presidente Mañueco ha tomado nota y se dispone a paliar esa desafección con una mayor atención política y presupuestaria a las reivindicaciones planteadas desde León. Motivación política aparte, el declive económico y el desplome demográfico justifican sobradamente una «discriminación positiva» que enjugue lo que se considera un «déficit histórico». El mismo —solo que ahora multiplicado— que ya intentó corregir el Gobierno Zapatero en 2004 con el semifallido Plan Oeste. El mismo que debía estar combatiéndose con el Plan de Convergencia Interior abandonado por la Junta cuando más falta hacía.

Si ese es su propósito, el Gobierno Mañueco tendrá que actuar con mucho tacto, ya que el sentimiento de agravio hacia el «centralismo vallisoletano» se está extendido, en mayor o menor grado, en todas las demás provincias. Y si del próximo trató a León se extrae la conclusión de que «el que no llora, no mama», las frágiles costuras de esta comunidad autónoma correrán el riesgo de descoserse por donde menos se espera.

¿El que no llora, no mama…?
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