miércoles. 06.07.2022

Sanchismo como eje del mal

Monumental sorpresa se habrá llevado el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, al conocer que Pedro Sánchez ha aceptado su propuesta y Salamanca va a ser sede a finales de julio de la próxima Conferencia de Presidentes, la primera de carácter presencial desde que irrumpió la pandemia. Se supone que Fernández Mañueco no tenía la menor esperanza de que el presidente del Gobierno, el que da nombre al malhadado sanchismo, atendiera dicha solicitud.

Para el PP en general, con Pablo Casado a la cabeza, Sánchez personifica todos los males, por lo que nada bueno cabe esperar de él. Un personaje maléfico que amenaza con destruir España y el régimen constitucional del 78, ese mismo que aceptaron muy a regañadientes los mismos que ahora lo defienden a ultranza (y lo de ultranza lo subrayo porque va con segundas). Y la expresión de esa depravación política es el sanchismo, concepto que compendia toda esa perversidad.

En el vocabulario del presidente Mañueco la palabra sanchismo y el adjetivo sanchista constituyen los términos preferidos para descalificar a la oposición socialista. «Representa usted el puro sanchismo, es un sanchista redomado», le espeta al socialista Luis Tudanca cada vez que tiene ocasión. Y lo de presentarle una moción de censura fue una clara maniobra sanchista, salida como casi todas de La Moncloa, donde tiene su laboratorio el terrible Iván, alquimista mayor del sanchismo.

En este contexto, lo de haber asumido la idea de llevar a Salamanca la próxima Conferencia de Presidentes me temo que le ha pillado con el pie cambiado al titular de la Junta, a quien a lo peor le asalta ahora la duda sobre si el sanchismo es intrínsecamente malo. Sánchez podía haber elegido otra comunidad autónoma no gobernada por el PP y no la única de las nueve capitales de provincia de Castilla y León con alcalde popular. Con ello, Mañueco, que antes fue primer edil de la ciudad helmántica, podrá presumir antes sus paisanos del logro que supone acoger una cumbre política de ese porte.

¿Revisará Mañueco su concepto de sanchismo? Tal vez, y como mucho se abstenga de pronunciar el término hasta que pase dicha Conferencia, que a lo peor, tal como está el panorama autonómico, termina deparando acuerdos escasamente satisfactorios para Castilla y León Yo no me fiaría un pelo. Una cosa es que Sánchez haya tenido un momento de debilidad y otra que el sanchismo vaya a dejar de ser mortífero para España, la democracia y, por extensión, para los sacrosantos valores de la civilización occidental. Avisado queda el presidente de la Junta.

Sanchismo como eje del mal
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