miércoles 21/10/20

Un hálito de esperanza

¿Qué dimensiones tiene que alcanzar la catástrofe para que las principales fuerzas políticas aparquen sus diferencias y sumen esfuerzos para neutralizarla? Puestos a contar muertos, ¿a qué cifra hace falta llegar para entender que una tragedia como la del coronavirus ha de ser afrontada desde la máxima lealtad política e institucional?

No son preguntas meramente retóricas. Son las que se hacen la inmensa mayoría de los españoles, atónitos ante el obsceno espectáculo de unos políticos, que, en medio de esta incesante calamidad, han venido anteponiendo por encima del bien común sus mezquinos intereses partidistas. Tras la teleconversación mantenida ayer entre Sánchez y Casado, se abre un hálito de esperanza en torno a ese «remake» de los pactos de La Moncloa que permita afrontar desde una amplia mayoría parlamentaria la «reconstrucción» de un país asolado por los estragos económicos y sociales de la pandemia.

Pero convendría ser realistas y no echar las campanas al vuelo. Del mismo modo que ese estado de opinión ha forzado la creación de una mesa de negociación, la grey política pierde no pierde de vista la intención de voto que reflejan los sondeos electorales. Al tiempo que Vox, tercera fuerzxa política, fiel a su estrategia de jugar al «cuanto peor, mejor», sigue exigiendo la sustitución del actual Gobierno por otro de «emergencia nacional». Y es de temer que esta actitud extrema de la ultraderecha siga condicionando al PP de Pablo Casado, obsesionado por su flanco estribor.

Resulta harto problemático que Casado se avenga a firmar ningún pacto de estado con el actual Gobierno mientras Podemos siga formando parte del mismo. Ese puede ser el precio exigido para hacerlo. Solo cobrándose la cabeza de Iglesias y los suyos estaría dispuesto el PP a suscribir un pacto del que se va a quedar fuera Vox. Y ese va a ser el presumible pulso, el verdadero nudo gordiano, al que se acabará enfrentando Sánchez, quien a su vez se está viendo obligado a ceder ante las exigencias con las que Podemos pretende dejar su impronta en la gestión de la crisis.

Paralelamente, Inés Arrimadas ha sorprendido con un viraje consistente en desmarcarse del PP y evitar la fagocitación a la que estaba condenada Ciudadanos de haberse consumado el pacto por el que iban a concurrir juntos en las elecciones vascas y gallegas. Tras los delirios de Albert Rivera, el partido naranja regresa al centro con la esperanza de encontrar ahí su tabla de salvación. Y huelga decir que el espectro nacionalista/independentista no piensa en otra cosa que en preservar sus privilegios y mantener a flote sus expectativas soberanistas.

Este es el panorama y no parece que vaya a cambiar por más que el Covid-19 siga ampliando su siniestro balance.

Un hálito de esperanza
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