Diario de León
Publicado por
césar gavela
León

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H oy traigo un cuento de Reyes Magos, que por algo estamos en las fechas propicias. Y ya me lanzo, sin mayor prudencia, de la mano de Melchor, Gaspar y Baltasar. El caso es que pensé en Ponferrada, en su ayuntamiento nuevo, el que surgirá de las elecciones del próximo mayo. Una corporación que pondrá fin a una legislatura insólita y muy accidentada. El cuento indaga en los concejales que tendrían que sacar adelante la gestión de la ciudad. Profundizando en sus mejoras y bellezas. Y como es un relato atrevido, sostiene que sería bueno unir a personas muy diferentes en esa nueva junta de gobierno. Para no perder el caudal que cada una de ellas podría aportar al bien de la urbe.

A partir de ahí la narración se vuelve muy heterodoxa. Porque establece que el nuevo alcalde sería una persona cultivada. Pongamos una profesora de instituto que fuese, a la vez, una gran conocedora de la ciudad. O un abogado con inquietudes artísticas. O un economista con formación sociológica. En cualquier caso, alguien por encima del cainismo partidista. Luego, una vez consensuado ese nuevo líder cívico e independiente, llegaría el momento de completar la nómina del equipo de gobierno.

En el que deberían estar los tres anteriores alcaldes de la ciudad. Sí, ya sé que al llegar a este punto el cuento rebasa todos los límites de lo onírico, pero es lo que hay. Un gabinete con Samuel Folgueral, Carlos López Riesco e Ismael Álvarez, una vez resuelto el capítulo de catarsis «tres a tres» podría aportar mucho a la ciudad. Porque los tres alcaldes han realizado muchas cosas buenas, muy visibles en el caso de los populares, cuando había dinero, y menos en el caso de Folgueral, por brevedad y barullo. Pero también parece cierto que su atípico gabinete se ha esforzado dignamente en diversos avatares.

A partir de ahí la cosa ya es muy fácil. Se incorporarían gentes de los diversos partidos, sin que faltara, al menos, un representante de cada uno de ellos. Con lo que las dos formaciones bercianistas volverían al ayuntamiento. Y los socialistas, populares, Izquierda Unida, Ciudadanos, etc. Incluso podrían ir dos por Podemos, dada la división que atenaza en la comarca a esa formación nueva y ambiciosa.

El cuento se termina. La quimera vacila. Pero estoy seguro de que ese gobierno de salvación municipal sería bueno para la ciudad. Porque facilitaría bastante la mesura, el talento, la generosidad y la concordia que ahora tanto faltan. Ah, y se me olvidaba: también tendría que ser concejal, por mil razones, el presidente de la Ponferradina. Y el párroco de la Encina, mi viejo amigo y compañero en Astorga, don Antolín de Cela. Y don Luis del Olmo, obviamente. Y Amancio Prada, siquiera una vez al mes.

Acaso no es broma el cuento, o no lo es tanto. Porque lo que importa es Ponferrada, la ciudad, su proyección y sus anhelos. Los de todos.

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