TRIBUNA
Money, money, money
V einticuatro de noviembre 2015. Aunque hoy no tocaría hablar de las últimas convulsiones por sobradamente sabidas, bueno es hacer algunas reflexiones sobre la situación internacional que nos sobrecoge a todos. He seguido día a día, hora a hora, el funesto problema que nos afecta. A todos: fieles e infieles, religiosos o ateos, ferrallistas, panaderos, abogados, estudiantes, familias (desavenidas o en concordia), estados y políticos. Lo hice mediante las informaciones que nos proporcionaban los medios de comunicación españoles, llámense televisiones o cualquier otro medio de comunicación. También por los periódicos franceses Le Monde y Le Figaro (sin acento en la o). Todos, españoles y galos han sacado pecho con mayor o menor hinchazón; dependiendo de su color político, pues en ambos países están convocadas elecciones (unas generales, otras regionales) y, ya se sabe. Opiniones y «soluciones» varían en función del espectro gubernamental u opinante. Igualmente, escuchamos tabernarios silencios ruidosos a quienes parece que sólo interesa el dios fútbol o las vacaciones carcelarias de alguna cupletista retrechera y no tan juncal.
En cuanto al «deporte rey», creo obligado felicitar a los mandatarios de estados que tuvieron la antipopular precaución de suspender importantes encuentros en previsión de peores males. Asimismo, justo es dar la enhorabuena a quienes no quisieron aplazar su glorioso derbi Madrid-Barça con el fin de dar gusto al aficionado. Les salió bien. No ocurrió ninguna desgracia a pesar del amenazador momento. Las obedientes fuerzas de seguridad actuaron comme il faut, como es debido. Como siempre. Sin prisas. Con rigor y paciencia; la misma que demostraron los enardecidos espectadores que, en la reventa, habían adquirido sus localidades a precio de oro. ¡Válgame Dios!
En la misma forma debemos congratularnos por la solidaridad demostrada entre países no precisamente amigos históricamente. Quiero decir: Rusia-Francia, Francia-Inglaterra, España-Francia. Los rusos aún recuerdan la catástrofe sufrida en la batalla de Austerlitz, comandada por Napoleón. Todavía hoy, los eslavos orientales la rememoran con odio o tristeza. Los rusos no olvidan. Putin sí, aunque quizás en este caso existan intereses que algunos han dado en denominar money, money, money; los mismos réditos que algunos de los países intervinientes. El dinero manda. En cuanto a los americanos, también enemigos viscerales de Rusia, ahora socios, no es necesario mencionarlos. Están en todos los lugares del globo donde puedan sacar rentabilidad del tipo que sea: estratégica, económica, política. Megalomanía o delirios de grandeza al fin.
Y, ¿qué nos queda a las demás criaturas ante tanta irracionalidad? Creo que muy poco, salvo incertidumbre, inquietud y ciertas dosis de esperanza. Y una pregunta: ¿quién financia los terribles hechos?
Se pregunta el Dr. José Miguel Gaona en El límite, su último libro: «¿Es nuestra consciencia capaz de proyectarse más allá de las fronteras del cerebro?» Supongo que no. El cerebro controla nuestros propios estímulos y, en algún caso, los de los demás. Nunca el desvarío ajeno, venga de donde venga. Los siquiatras diagnostican, controlan y ayudan. No curan el mal.
Al arriba firmante, exclusivamente le restan interrogantes que no está capacitado para responder. O sí. No obstante, «No hay bien que por mal no venga». En la semana negra nos escabullimnos sin escuchar las patrióticas palabras de Mas, Don Arturo.