La pena de muerte en el pensamiento de la Iglesia
Días antes de la Navidad de 2024, el presidente saliente de los EE UU, Joe Biden, conmutó las ejecuciones de 37 prisioneros, en respuesta a las súplicas del papa Francisco y otros opositores a la pena de muerte. Por el contrario, no perdonó a tres asesinos confesos. Se trata de un individuo que mató a tres e hirió a una docena más en la maratón de Boston de 2013; otro es un supremacista blanco que mató a nueve feligreses el 17 de junio de 2015 en una iglesia negra en Charleston, Carolina del Sur; y el tercero es un hombre que mató a once fieles en la sinagoga Tree of Life en Pittsburgh en 2018. Este hecho ha vuelto a poner de actualidad el tema de la pena de muerte y a fijar posiciones tanto los que están a favor como los que están en contra.
Según Amnistía Internacional, el número de sentencias a muerte en 2023 en todo el mundo fue de 2.428, mientras que las ejecuciones fueron 1.153, lo que significó un aumento del 31% respecto a los 883 ejecutados en 2022. Estas cifras pueden ser mucho más elevadas, pues son poco fiables, dada la falta de información que ofrecen muchos de los países que siguen aplicando la pena de muerte. Todavía existen 87 países que mantienen en vigor la pena capital. Los países con más ejecuciones son: China, Irán, Arabia Saudí, Egipto y Estados Unidos. En España se abolió la pena de muerte con la Constitución de 1978, manteniéndola en el Código de Justicia Militar para tiempos de guerra, hasta que en 1995 la Ley Orgánica de 27 de noviembre la abolió totalmente.Ante esta realidad, nos preguntamos por la postura de la Iglesia frente a la pena de muerte. Hemos de decir que la visión católica de la pena capital ha evolucionado con el tiempo. Durante siglos, la jerarquía y los teólogos la defendieron. Hubo numerosas ejecuciones en los Estados Pontificios, territorio gobernado por papas antes de la unificación de Italia. El Estado de la Ciudad del Vaticano no abolió la pena de muerte hasta 1969 y continuó siendo legal hasta 2001, aunque no se aplicara en ningún caso. Fue este mismo año 2001 cuando el papa Juan Pablo II la derogó definitivamente. En 2011, el papa Benedicto XVI pidió a los líderes mundiales «hacer todo lo posible para eliminar la pena de muerte». Y en 2013, el papa Francisco se manifestó contra la pena de muerte en un discurso ante la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte. Dijo a la comisión que «la pena de muerte es siempre inadmisible porque ofende la inviolabilidad y la dignidad de la persona».Los papas siempre están preocupados por no contradecir las enseñanzas anteriores de la Iglesia, por lo que Juan Pablo y Benedicto argumentaron que no estaban cambiando la enseñanza de la Iglesia, sino que las circunstancias habían cambiado, por lo que las ejecuciones ya no eran necesarias. El papa Francisco da un paso más al decir: «La pena de muerte siempre es inadmisible». Este lenguaje fue considerado poco ortodoxo por aquellos que entendían que el Papa contradecía la enseñanza tradicional de la Iglesia.Mi opinión sobre la pena de muerte es clara. Estoy de acuerdo con los argumentos que esgrimen Amnistía Internacional y los pacifistas en contra de la pena capital: 1. La pena de muerte entraña el peligro de ejecutar a inocentes. De hecho, se ha ejecutado a personas que fueron condenadas injustamente 2. No tiene un efecto disuasorio efectivo. 3. No contribuye a lograr una sociedad más segura. 4. Genera más angustia y perpetúa el círculo de violencia. 5. La pena de muerte es una violación de derechos humanos, independientemente de que la opinión pública la apoye o no. Por otra parte, desde mi condición de cristiano, estoy de acuerdo con la opinión del papa Francisco.Es verdad que la sociedad tiene derecho a defenderse de los individuos que no saben vivir en comunidad ni respetar los derechos de los demás. Pero si existe la prisión permanente revisable para los que han demostrado de forma reiterada que no son capaces de vivir en sociedad, no es necesario eliminarlos para proteger a la sociedad. Tanto por la fe como por la razón apoyo la abolición de la pena capital y defiendo el derecho que tiene toda sociedad de defenderse de personas incapaces de vivir respetando la vida de otras personas. Ante hechos muy graves de desviación social, aunque mis emociones quieren venganza, la fe y la razón me dicen que hay otros medios más humanos e igualmente efectivos. Si bien en otros tiempos en la Iglesia se permitieron ejecuciones, es difícil creer que Jesús ejecutaría a alguien. En cambio, nos enseñó: «Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen». El mensaje de Jesús fue de compasión y misericordia, incluso mientras estaba en la cruz. Tenemos que dejar de tener sed de sangre y de venganza como individuos y como sociedad. Responder a la violencia con violencia simplemente perpetúa el ciclo que engendra más violencia.