¿Influyó Jovellanos en la caída de Godoy?
«El Ilustrísimo señor don Manuel Godoy Álvarez Faria Ríos Sánchez Zarzosa, era el serenísimo Príncipe de la Paz, duque de Alcudia, de Sueca y de Evoramonte; gran almirante, generalísimo y ministro universal de España y de sus Indias, señor del Soto de Roma y de la Albufera de Valencia, conde de Chinchón, barón de Mascalvó, comendador de Valencia del Ventoso, Rivera y Aconchel; poseedor del Toisón de Oro y de todas las cruces, bandas y collares de Europa; príncipe de Bassano; señor de los Estados de la Campana de Albalat y la Serena de Aldonea; de las villas de Huétor, Sueca, Santillana y Veas; regidor perpetuo de Madrid, Reus, Gerona, Manresa, Lérida; caballero Veinticuatro de las ciudades de Jerez de la Frontera, Jerez de los Caballeros y Sevilla; capitán de los Ejércitos de mar y tierra». Así consta en las páginas 85 y 86 de Nuevas Memorias de un Afrancesado, en el Madrid goyesco, primera edición, Madrid 1952, de Augusto Martínez Olmedilla.
A principios del siglo XIX el Gobierno de este todopoderoso Godoy puso en marcha una ley que establecía diez años de estudios para conseguir la licenciatura en jurisprudencia. Así se pretendía asegurar una mejor administración de la justicia al mismo tiempo que dificultar la carrera y disminuir el excesivo número de abogados que, en su inmensa mayoría, eran unos «liantes», «buscapleitos» sin escrúpulos morales, llenos de vileza, muertos de hambre, despreciados por todos. ¡Trágala, trágala, trágala perro!, clamaba el pueblo español contra el absolutista rey Fernando VII. Así le ofrecía el tan deseado y celebrado manjar liberal, la Constitución de Cádiz de 1812, que no quería «tragar ni digerir» el canalla rey felón.
La Pepa (¡Viva la Pepa!), así llamada popularmente por haber sido promulgada el 19 de marzo, día de San José, era también, en origen, un grito jubiloso y hermoso que, por desgracia, el mal uso fue pervirtiendo hasta tal punto que hoy en día, injustamente, «trágala» se ha convertido en sinónimo de cosa mala y «¡Viva la Pepa!» parece la definición de asunto o cosa nefasta, alocada, alborotada, irresponsable.
Liberal es término nacido en España a principios del siglo XIX. Aquí se pronunció por primera vez para denominar y referirse a los rebeldes patriotas españoles que eran contrarios al absolutismo borbón. Liberal, hermosa palabra que luego pasó a Francia y los franceses utilizaron con significado peyorativo una y otra vez hasta desfigurarla y apartarla de su realidad y sentido original.
¿Influyó Jovellanos en la caída de Godoy?
Seguro que sí, pues este era el plan de Cabarrús, amigo de Baltasar Melchor Gaspar de Jove Llanos y Ramírez, para salvar España. Pero Jovellanos duró poco, y volvió Godoy con más fuerza y poder para vengarse. Así que, en 1801, estando el «insigne patricio» en Gijón dedicándose al fomento de su querido Instituto Asturiano, fue sorprendido una noche en su cama, apresado y conducido a través de León, Burgos, Zaragoza y Barcelona hasta Mallorca, para ser encerrado, incomunicado, en la Cartuja de Jesús Nazareno de Valdemosa, a tres leguas de Palma. El motivo, o la disculpa para justificar tal desatino, fue atribuirle su participación activa en la divulgación por Asturias del Contrato Social de Rousseau. Preso hasta caer Godoy por causa del Motín de Aranjuez y la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VII, quedó libre según Real Decreto del 22-3-1808.
Sube pues Jovellanos en poder y prestigio al mismo tiempo que cae Godoy, el Príncipe de la Paz, que en sus Memorias declina toda responsabilidad y culpa de los avatares de Jovellanos al ministro Caballero, al parecer todo un gran reaccionario incapaz de evolucionar y de permitir el progreso, acosador y acusador de los hombres de la cultura y del pensamiento, a los que amenazaba con el Santo Oficio.
Gran amigo de Jovellanos era Meléndez Valdés, separado por Caballero de la plaza de fiscal de la Sala de Alcaldes de la Casa y Corte.
Otro pájaro de cuidado a tener muy en cuenta fue el canónigo Juan Escoiquiz, escogido por Godoy para preceptor del príncipe Fernando, que influyó muy negativamente en la formación del futuro rey, Fernando VII, y traicionó y mordió la mano dadivosa y confiada del esbelto guaperas extremeño. Escoiquiz había traducido del inglés El paraíso perdido, de Milton, y ya se consideraba tan grande como Richelieu o Cisneros.
Gran armadanzas es también el agustino Padre Salmón, que en 1812 publica en Cádiz su obra Resumen histórico de la revolución de España, en la cual se monta toda una retahíla de exagerados acontecimientos deshonestos como incestos, bigamias, adulterios abominables y otras muchas barbaridades para desacreditar a Godoy y a María Luisa.
Mucho se ha escrito sobre Jovellanos, y casi todo se basa en las Memorias de Cea Bermúdez, encargadas por la Real Academia de la Historia.
Mención especial, aprobación y afecto me merecen las excelentes aportaciones «jovellanistas» de Agustín Guzmán Sancho en sus libros: Jovellanos. Retrato íntimo; La última travesía de Jovellanos; Senderos de agua y piedra tras la huella de Jovellanos. Agustín es toledano de nacimiento, residente en Gijón, profesor, abogado, historiador, humanista, villafranquino consorte, siempre fiel a Villafranca, y por su bonhomía personal, familiar e intelectual tiene el afecto de todos. Mi hijo recuerda, asombrado y emocionado, el ilusionismo, la magia, los juegos de manos con los que entretenía a niños y mayores.
En la primavera de 1792 Jovellanos visitó Villafranca y pernoctó en una gran casa de piedra que perdura y sigue bien habitada. Hay una placa de homenaje y de recuerdo en la fachada. En los años cincuenta del pasado siglo veinte, mi adorada madre me llevaba a esta misma casa para compra en la tienda de ultramarinos finos de «Paco París» (Amelita, su hija mayor, ahijada de mi bisabuela Amelia, del Hotel Condesa), que siempre me regalaba un caramelo o una galleta. El río Burbia, ayer y hoy, eterno, desprendía el rumor de sus dulces aguas...
Willian Francis Patrik Napier, general del Ejército Inglés e historiador, cuenta que el general Antonio Filangieri organizaba una División de tropas españolas contra los franceses, pero fue asesinado el día 24 de junio de 1808 en una calle de Villafranca del Bierzo por un grupo de soldados traidores, al mando de un sargento, del Regimiento de Navarra.
Con toda Burbialidad.