Diario de León

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En sus primeras palabras desde el balcón de la Basílica de San Pedro, el Papa León XIV dijo: «Debemos buscar juntos cómo ser una iglesia misionera». Este comentario sugería una continuidad con los esfuerzos del Papa Francisco por implantar la sinodalidad en la Iglesia.

Una de las responsabilidades más importantes del Papa León será impulsar la iniciativa de su predecesor sobre la sinodalidad. Demasiadas personas todavía piensan que «la Iglesia» consiste en el papa, los obispos y los ordenados, sin incluir al otro 99% de los católicos.

Mientras no pensemos que la Iglesia somos todos los católicos bautizados, quizá nunca podamos escapar de la tentación de ver a la Iglesia como algo de los curas. Atribuir la labor de la Iglesia solo al clero pasa por alto la gran contribución de los laicos.

Es importante reconocer la aportación que los laicos católicos, algunos en circunstancias muy difíciles, están haciendo con su testimonio de vida cristiana. Las críticas a la Iglesia pueden estar justificadas, pero deben sopesarse con el profundo testimonio de 1.400 millones de católicos y su influencia en el mundo.

El trabajo sobre la sinodalidad durante el papado de Francisco contribuyó a construir el marco teológico que permitió a muchos católicos cambiar su mentalidad, pasando de pensar en la Iglesia como cosa de los curas a pensar en la Iglesia como algo propio. La Iglesia es el pueblo de Dios, y cada miembro es corresponsable de su vida y misión.

El documento final del Sínodo sobre la sinodalidad, elaborado por delegados, incluyendo por primera vez a laicos, y ratificado por el papa Francisco, deja claro que la credibilidad de la Iglesia depende de poner en práctica la corresponsabilidad.

Los mecanismos de participación laica en todos los niveles de la Iglesia son débiles o inexistentes. Cuando los laicos discrepan con el clero, pocos procesos formales facilitan un diálogo fructífero. Francisco comprendió esto, denunciando a menudo el clericalismo, que sigue siendo un serio impedimento para la corresponsabilidad. Las estructuras de toma de decisiones que priorizan desproporcionadamente las aportaciones y las decisiones del clero sobre las del laicado dan testimonio de la firme y duradera influencia del clericalismo.

El Sínodo sobre la Sinodalidad, quizás el legado más importante de Francisco, modeló cómo la Iglesia podría escuchar, discernir y decidir junta.

Por primera vez, laicos, incluidas mujeres, participaron en las votaciones sinodales del Vaticano. Este hecho marcó un avance hacia estructuras eclesiales que reflejan nuestra responsabilidad bautismal compartida.

Francisco reconoció que la reforma requiere más que buena voluntad. Al aprobar el documento final del Sínodo sobre la Sinodalidad, animó a los obispos a experimentar con soluciones locales que reflejen las convicciones teológicas sinodales de la Iglesia. El documento dice: «Será posible proceder… a la activación creativa de nuevas formas de ministerialidad y acción misionera, experimentando y probando o verificando estas experiencias».

¿Institucionalizará León XIV la visión sinodal que defendió el papa Francisco? ¿O se desvanecerá esta visión como otras esperanzas conciliares anteriores? Por ahora, hay indicios tempranos que sugieren un compromiso continuo con el camino de la renovación a través de la sinodalidad. Si realmente creemos que la Iglesia incluye a todos los bautizados, necesitamos mejores sistemas de transparencia y rendición de cuentas.

El clero y los laicos deben discernir juntos, evaluar juntos y rendir cuentas juntos. Solo entonces la gente comenzará a ver y experimentar la Iglesia como pueblo de Dios y el efecto transformador que el Evangelio tiene en el mundo.

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