Incendios: manipulación política de una catástrofe
No les importa mentir en datos y cifras ni manipular cada una de las declaraciones de quienes sí han estado trabajando 24 horas

Ante la manipulación mediática y política que aprovecha la catástrofe que hemos sufrido —y seguimos sufriendo— en nuestra tierra debido a los incendios forestales, conviene analizar algunas cuestiones.
Estas circunstancias ponen de manifiesto la escasez de moral y de dignidad de algunos representantes políticos y sindicales que, si bien no se han dejado ver en ningún incendio, sí están aprovechando la tragedia para dividir, insultar y tratar de sacar réditos políticos. No les importa mentir en datos y cifras ni manipular cada una de las declaraciones de quienes sí han estado trabajando 24 horas al día en la coordinación de esta emergencia. Si no vas a ayudar, al menos deja trabajar.
No les interesa analizar esta ola de incendios ni las desgracias ajenas, solo sacar provecho electoral de cara a la próxima contienda en Castilla y León. Tampoco les importa reconocer el trabajo que en nuestra provincia viene realizando durante los últimos años el consejero de Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones. A muchos de los políticos que ahora piden su dimisión los ha escuchado y ayudado en múltiples proyectos buscando financiación de la Junta de Castilla y León para sacarlos adelante sin importar el color político. Qué rápido se olvidan las cosas.
Pero no nos confundamos: el objetivo no es el consejero, es el Partido Popular.
Seamos serios y analicemos las circunstancias en las que se han producido estos incendios en un medio rural cada vez más abandonado y despoblado:
—Los incendios arden activamente con 30°C de temperatura, 30% de humedad y vientos de 30 km/h. Durante estas semanas, la temperatura se acercó a los 40°C, los vientos superaban los 50 km/h y la humedad llegó a bajar al 5%. Bajo estas condiciones, los expertos califican estos incendios como «fuego inextinguible», que no puede ser apagado por medios convencionales, dando lugar a los llamados «fuegos de sexta generación», fuera de la capacidad de extinción.
—Castilla y León es la comunidad con más superficie forestal de España: en solo tres semanas se produjeron 350 incendios, 30 de ellos simultáneamente en la provincia de León, muchos intencionados, cuya finalidad debe investigarse.
No se trata de falta de medios —aunque en algunos casos pudo existir—sino de unas condiciones climatológicas excepcionales unidas a un gran número de incendios coincidentes en el tiempo.
—Falta de limpieza en los montes. La responsabilidad del desbroce de montes y fincas recae principalmente en los propietarios de los terrenos, ya sean forestales, urbanos o periurbanos, como recoge la Ley de Montes y las ordenanzas municipales. Sin embargo, muchos de esos particulares abandonan sus propiedades, que se vuelven improductivas, y la proliferación de maleza acaba convirtiéndolas en un polvorín junto a los cascos urbanos.
Ante esta irresponsabilidad de los propietarios, los ayuntamientos necesitamos mayor agilidad para ejecutar subsidiariamente esa labor. No podemos esperar más de un año a que un juzgado nos autorice a entrar en una finca para desbrozarla porque su dueño no lo ha hecho. Tenemos medios, pero no podemos utilizarlos por falta de autorizaciones.
—Nada se dice de la limpieza de los cauces de los ríos, competencia del organismo de cuenca. Si esos cauces estuvieran limpios, muchos incendios no habrían sobrepasado esas barreras naturales que son los ríos y arroyos, como así ha ocurrido en muchos casos.
—También parece haberse olvidado que la competencia de los incendios en los núcleos urbanos no depende de la administración autonómica, sino de otras administraciones como son los ayuntamientos y las diputaciones provinciales. Son estas las que deben actuar cuando las llamas llegan a los núcleos habitados.
Es la primera vez, que yo recuerde, que una administración reacciona con tal inmediatez y agilidad ante una catástrofe, anunciando un plan para que las ayudas lleguen a todas las personas y empresas afectadas con la mayor rapidez.
Mis 26 años como alcalde de un pequeño municipio —que además ha sufrido dos incendios en estos trágicos días— y la experiencia de haber conocido, durante este tiempo, situaciones de catástrofe en diferentes lugares de España que ponen en evidencia la parte más sucia de la política, me llevan a posicionarme radicalmente en contra de esta caza de brujas instrumentada por personas sin preparación ni conocimiento alguno sobre la materia, contra un consejero totalmente válido y con una gran preparación para las labores que desarrolla.