Diario de León

Carlos Mateos Santamaría

Agricultor

La agricultura, un sector en peligro de extinción

Solo pedimos que nos dejen vivir de nuestras tierras y que nuestro negocio sea rentable como lo ha sido hasta estas políticas de despacho sin conocer el campo

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Cada recuerdo que tengo de mi infancia, siempre me trae las mismas imágenes en mi memoria. Es la de mis padres, dos jóvenes del Páramo leonés recién casados con muy poco que ofrecer económicamente, pero mucho que dar en cuanto a cariño se refiere.Venían de dos familias muy humildes, pero los dos tenían una meta en la vida, dar a sus hijos lo que ellos no habían tenido. Comenzaron su andadura en lo único en lo que estaban formados, la agricultura. Por aquel entonces, era un trabajo de valientes, ya que el dinero en este negocio era escaso pero, por lo contrario, el trabajo de sol a sol era, por así decirlo, más que abundante.

Muchos jóvenes de su edad decidieron irse fuera a trabajar, porque esa vida no la querían ni de lejos. Aun recuerdo de niño, cada noche, pidiendo a mi padre que me dibujara un tractor, o preguntarle dónde tenía el tractor, y si le había puesto la pala para cargar remolacha. Eso, para mí, era comparado como hoy en día supone comprarle a un niño una play station. Para mí, eran unos súper héroes... qué leches, lo eran y lo son. Gente que, con sus propias manos trabajando la tierra, hacían crecer alimento humano y animal, cuidando cada detalle desde principio a fin. Yo siempre que podía, al salir de clase, aportaba mi granito de arena, y allí estaba junto a ellos aprendiendo y disfrutando. Lo tenía claro, yo también en un futuro quería ser un súper héroe que conducía un tractor y daba vida a unas plantas que servían de alimento. Con el paso de los años, la agricultura avanzaba a pasos agigantados dando descanso a esos que cultivaban la tierra y haciendo más fácil su día a día. En unos años, pasó de ser un trabajo poco remunerado a ser un negocio rentable. El cambio en el pueblo, con el paso de los años, fue notable. Alguna casa nueva, algún tractor más nuevo y de mayor potencia, para poder sembrar alguna hectárea más, e incluso algún coche de los que ya traía como extra elevalunas eléctrico. Íbamos con más retraso que en las grandes ciudades, donde había industria, pero el pueblo tomaba forma. Poco a poco, se crecía y se crecía económicamente hablando, de los hijos de aquellos luchadores, muchos decidimos continuar con aquella empresa familiar que nos dejaron con mucho sudor nuestros padres. Como en cualquier negocio, hemos tenido nuestros años buenos y nuestros años malos, pero sí que he de decir que cada vez que empezamos una nueva campaña de siembra tenemos más preocupaciones que ilusión. No disponemos de ningún tipo de margen de beneficio marcado, compramos semillas, abonos, recambios, herbicidas, gasóleo y todo lo necesario para empezar a cultivar esas tierras, al precio que nos marquen, sea más barato o más caro que el año anterior... eso es indiferente te resignas y lo pagas. Durante muchos meses tenemos nuestro dinero invertido por así decirlo en la calle sin ningún tipo de protección y nuestro mayor enemigo es la climatología, arriesgamos sin poder defendernos de cualquier plaga tormenta u ola de calor. Conocemos nuestras tierras, lo que cultivamos y estamos pendientes de ello 24 horas, haciendo lo posible, y a veces lo imposible, para sacar nuestro negocio adelante. Cuando llega la hora de recoger nuestra cosecha nos pasa exactamente igual que cuando empezamos a cultivar, vendemos al precio que nos marcan en ese momento. Hemos dedicado un montón de meses, adelantando un dinero, un trabajo y un sacrificio para, a cambio, obtener un beneficio, el cual no sabes exactamente si va a ser mucho, normal o vas a cubrir los gastos. Te marcan, próximo a fecha de recolección, un precio y no puedes hacer otra cosa nada más que vender. Este negocio siempre ha sido así, pero creo que ningún negocio adelante dinero sin antes saber su margen de beneficio. En el último año, si nuestra preocupación era poca, se ha añadido que España vota a favor del acuerdo comercial Mercosur. Si no sabes lo que es, basta con leer un poco de qué se trata. Resumiendo, a groso modo, diré que es, seguramente, el cierre de cientos de explotaciones agrícolas y ganaderas. Para nosotros, es una competencia desleal, traer productos de terceros países a un bajo coste, que marcarán el precio de venta de los cultivados aquí, con la gran diferencia de que para nosotros el gasto mínimo de producción es X y en estos países ese mismo producto cuesta producirlo X dividido entre 2, porque las exigencias medioambientales y fiscales no son iguales en cada país, y si ese país va a marcar el precio de nuestras cosechas, exigimos al menos que nuestras medidas fiscales y medioambientales se igualen con las de ellos. De niño, siempre cuando hacíamos equipos de fútbol para jugar en el colegio. Los equipos, en cuánto tamaño y fuerza de niños, debían estar equilibrados para que no existiese esa desventaja. Creo que con este claro ejemplo todo el mundo entiende esto que trato de explicar. No podemos seguir en esta situación, este problema no solo es nuestro es de todos, porque el día en que este país deje de producir alimentos dependeremos de otros países y no hace falta explicar que el día que dependa nuestra alimentación de otros países lo que puede ocurrir. Acordaos que las piedras no se pueden comer. Solo pedimos que nos dejen vivir de nuestras tierras, y que nuestro negocio sea rentable como lo ha sido durante unos años, hasta esas políticas de despacho , sin conocer el campo, desde un sillón y con un desconocimiento total de nuestro día a día, que toman decisiones que afectan no solo a un negocio, sino a una nación entera.

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