Diario de León
Publicado por
RAFAEL TORRES
León

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A LAS empresas relacionadas con la moda (ropa, joyas, perfumes...) que usaban la imagen de la maniquí Kate Moss para vender sus productos no les importaba tanto, al parecer, su aspecto escuchimizado y presumiblemente anoréxico como su ocultada, que no desconocida, afición por la cocaína, de modo que en descargo de la modelo cabe, en primer lugar, una consideración: no es extraño que la criatura quisiera huir de la realidad cuando la que le rodea es tan estúpida, tan hipócrita y tan mendaz. Mientras Kate Moss era o parecía anoréxica, mientras exhibía con aire ausente su anatomía de pellejo y huesos, las marcas de ropa y los diseñadores que la empleaban para sus publicidades y sus desfiles estaban contentos, pues sus trapos se embutían a la perfección en su cuerpo consumido; pero ahora que se ha averiguado algo del origen de esa consunción física y de esa expresión ausente, esto es, que la muchacha se droga porque tiene problemas que no sabe o no puede resolver, los mismos que la encumbraban y la enriquecían arrojan sobre ella, quitándole el trabajo y con él su única agarradera, las afiladas piedras de la lapidación social. El hecho de que Kate Moss, como tantas otras modelos, se drogue es indigerible para el 'fashion system', pero no porque con ello la coca vaya a cundir entre las jóvenes, sino porque pone de manifiesto la pudrición del propio sistema, bajo cuyos oropeles esconde los escombros de tantas vidas rotas, de tantas jóvenes de usar y tirar. Las fotos de Moss, que en realidad son las fotos del resultado de un sistema infame, han trocado su belleza, para esa industria, en fealdad.

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