CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER
De acuerdo con Solbes
NO DEBIERA hacer falta de que un ciudadano de a pie se adelantara a las bambalinas de la antigua farsa para poner de manifiesto urbi et orbi, lo que, por una sola vez y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con el señor ministro de los dineros generales del común.
Rotundamente, mirando al tendido, el segundo de abordo, afirmó que en el saldo general del Ministerio no habrá nunca, jamás, sitio ni hueco para bancos insolventes.
¡Enhorabuena, señor Solbes! Somos de la misma opinión. Ni en la Banca pública ni en mi hucha privada habrá ayudas para bancos o Cajas insolventes.
Porque lo que se necesita no son teorías ni discursos con metáforas incluidas, sino solvencia económica, o sea medios al alcance de la mano del personal para cubrir los agujeros negros. Y esto sin buscarse disculpas ni anfibiologías para ocultar la verdadera situación de la Caja Común.
Estamos mal, bastante mal, perversamente mal, y parece un motivo de broma perversa el que, por ejemplo, la señora Televisión en una de sus emisiones dirigidas para todo el mundo, incluso para los que no disponen de un denario para sopas con honda, se complaciera en mostrar la cara y la cruz de personajes de poderío económico superior. ¡Todavía no decimos escondiendo nuestras miserias, hay ricos, muy ricos en España...
El señor Vicepresidente de la Economía navegante de la España felizmente reinante, ante la información del estado de la nación, de algunos poderosos señores de la nación, se ha adelantado, para que no digan lo que piensan, para explicar que en ningún caso ni circunstancia, cuando todos los españolitos madre nos guarde Dios estamos preparados para empezar a disfrutar de un estado económico digno de ser amparado y defendido allá para el año bíblico y sumerio del 2010 se comenzará a percibir el movimiento de superación del déficit.
Y entonces será llegado el momento de tirar cohetes, de asomarse a la venta y cambiar con la vecina todas las iniciativas que ya serán motivo de esperanza verdadera, no de discursos que el viento se lleva.
El Gobierno, dice el corresponsal del periódico en el cual soñamos, no se apiadará de las Bancas insolventes y cuando, por ejemplo, es un decir, el señor Botín, llame a nuestras puertas blindadas solicitando un puñado de dólares, entre otras monedas circulantes, el señor Ministro, sin encogerse, ni doblarse, por el rango fiduciario de los demandantes, les replicará:
«Señoras y señores, lo siento, pero no queda dinero para ustedes. Si de verdad lo necesitan pienso que es más ético en vez de pedirlo al sistema, que lo saquen de su baúl particular.
Se acercan ya, con paso de lobo, los momentos de la revancha, el momento del examen de conciencia. Y no es que vayamos a convertirnos en atracadores de los bienes de los poderosos, sino sencillamente, que ya no les atenderemos como teníamos por costumbre: Dando de comer y de contar al harto, mientras el pobre y triste de mí teníamos que seguir a Dios rogando y con el mazo dando.
¡Para los bancos insolventes, ni un duro, señor Sobles, ni un duro!