La «Aventura Trashumante» que conecta con la vida
La sexta edición de «Aventura trashumante entre lobos y mastines» vuelve a La Cueta de Babia para acercar el pastoreo a niños que hayan pasado por un cáncer o tengan una enfermedad rara.

La sexta edición de «Aventura trashumante entre lobos y mastines».
Un año más la «Aventura Trashumante entre lobos y mastines» vuelve a La Cueta de Babia, el pueblo más alto de la provincia. El proyecto permite que adolescentes que hayan superado un cáncer puedan pasar unos días en la montaña de León, conociendo de primera mano la labor de los pastores trashumantes.
Este año también participan algunos chicos y chicas con enfermedades raras. En total serán 40 los que vivan la experiencia, divididos en cuatro grupos de diez.
Reconectar
Durante la semana, los jóvenes duermen en tiendas de campaña entre ovejas, «lobos y mastines». También llevan a cabo actividades relacionadas con el proceso natural de la producción de la lana. Camino, una mujer del pueblo les enseña a tejer y entre todos confeccionan un tapiz con la lana de las ovejas a las que han acompañado.
Todos los participantes comparten el haber tenido que vivir circunstancias personales difíciles. Iván, al que todos llaman Víctor, porque así se llama su padre, tiene una enfermedad rara y es uno de los jóvenes que se han sumado a esta edición. «Yo de mayor quiero ser pastor», asegura. Sabe que es un trabajo duro porque ha visto la dedicación total de los pastores de La Cueta, pero Víctor se ha quedado prendado del encanto de las ovejas, los mastines y la montaña. «Me encantan los mastines. Son muy majos y piden mimos todo el tiempo».
Un pastor único
Carmen es de Ronda (Málaga), tiene 13 años y asegura que de lo que más ha disfrutado es de hacer amigos y haber podido compartir la experiencia con ellos. Es la primera vez que ha estado en contacto con ovejas.
Jimena, de Málaga, dice haber conocido a mucha gente, «super buenas personas, que me han hecho pasar muy buenos ratos y he podido conocer un poco más de cerca a las cabras y las ovejas». Aunque no le ha gustado mucho compartir habitación con los insectos.
Una semana a 1.447 metros de altitud
Roma nació en Marruecos pero vive en Málaga, asegura estar pasándoselo «genial». «Lo que más me gusta es el paisaje, que no hay ningún sonido, y que a diferencia de la ciudad, aquí se siente una libertad diferente», comenta alegremente. «Y las ovejas, que son muy monas», añade.
Saad tiene 15 años, es marroquí pero vive en España y le ha gustado poder disfrutar de esta oportunidad porque «a veces viene bien desconectar».
Julia, viene de Málaga y tiene 13 años, «es una experiencia diferente, yo soy de ciudad y ha estado muy chulo poder vivir aquí, en el campo entre animales». «El trabajo de pastor es muy duro, yo creo que te tiene que gustar mucho para dedicarte a eso, qué miedo si se te acerca un lobo o un oso».
Las noches también las disfrutan y es que el cielo de la montaña permite ver las estrellas como pocos otros lugares. «La otra noche vimos estrellas fugaces y pedimos deseos», comenta Julia.
Algunos incluso se atrevieron a bañarse en las frías aguas del río Sil.
Salir de la burbuja
La aventura les permite compartir momentos de confidencias, relatar experiencias vividas y estar unos días lejos de teléfonos móviles. Más conectados con la naturaleza. «A veces los padres, por la situación que han tenido que vivir, intentan protegerles y les encierran en una burbuja, esto también es una forma de sacarlos, de romper esa burbuja que la vida les ha impuesto y de conectar con el mundo», comenta Manuel Calvo, fundador de la iniciativa.
Otra finalidad que tiene el programa es que las familias puedan ver cómo sus hijos, nietos o hermanos se embarcan en una aventura como cualquier otra persona y se alejan por un momento de esa realidad. Por eso también permiten que los niños vengan acompañados de sus hermanos. «En el grupo anterior tuvimos a unas gemelas. Una había pasado la enfermedad y la otra no. Que su hermana vea que puede hacer una vida totalmente normal, como cualquier otro chico, también les deja una emoción muy positiva», asegura Calvo.
La iniciativa surgió por la pasión de Manuel por los perros. «Todo comenzó con el afán de conseguir transmitir el papel del perro en la humanidad. La historia de la humanidad se hubiera escrito de otra forma sin la figura del perro», afirma.
Además, quiere evitar que se pierda la trashumancia, compartiendo su valor. «Aporta muchos beneficios para el medio ambiente, se producen menos incendios, aumenta la biodiversidad. Queríamos traer a chicos para que conocieran este tipo de ganadería y el papel que tiene el perro en ella. La piedra angular de la trashumancia es el mastín, sin él no sería posible».
De la mano de Natura Diet, marca de alimentos naturales de DingoNatura, han conseguido mantener el proyecto y seguir difundiendo el valor de los perros en la sociedad. «Vamos por los colegios para promover la tenencia responsable, evitar abandonos y el maltrato animal. Les contamos a los chicos la importancia que tiene, que es mucho más que un animal de compañía», añade.
También realizan viajes a Groenlandia para mostrarles como los inuits siguen utilizando al perro como medio de transporte.
El papel del pastor
Nemesio, uno de los pastores que participan en el proyecto, realizó su primera trashumancia a los doce años. Pastorea el rebaño de 1.600 ovejas de los hermanos Suárez con 11 mastines. Manuel lo define como «un hombre troquelado por la montaña».
Para los pastores también es una experiencia valiosa, acostumbrados a pasar una vida más bien solitaria, recorriendo kilometros con las ovejas. «Estos chicos son muy majos y educados, son buenos rapacines», asegura el pastor. «Este es más listo que un conejo, quiere ser pastor el pobre», comenta entre risas mirando a Iván.
Nemesio comparte con ellos su experiencia y sus historias, los niños escuchan atentos y acaban construyendo una relación que va más allá de una conversación. «Nos cuenta muchas cosas, en este tiempo que hemos estado con él, ya se ve que es muy buena persona», comenta Roma.
«Se ha convertido en uno de los pilares básicos del programa, sin él sería de otra manera. Tiene algo especial, los chicos agradecen mucho cuando viene. El poder pasar noches cenando con él en el chozo, que les cuente sus historias de lobos y mastines. A día de hoy puedo decir que es amigo mío, una persona especial, la vida a veces no le ha tratado bien y creo que por eso también tiene más sensibilidad por estos chicos», asegura Manuel Calvo.

La sexta edición de «Aventura trashumante entre lobos y mastines».
Un aprendizaje en las montañas de León

La sexta edición de «Aventura trashumante entre lobos y mastines».
Un aprendizaje en las montañas de León

La sexta edición de «Aventura trashumante entre lobos y mastines».
Un aprendizaje en las montañas de León

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Un aprendizaje en las montañas de León

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Un aprendizaje en las montañas de León

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Un aprendizaje en las montañas de León

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Un aprendizaje en las montañas de León

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Un aprendizaje en las montañas de León

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Un aprendizaje en las montañas de León

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Un aprendizaje en las montañas de León

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Un aprendizaje en las montañas de León

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Un aprendizaje en las montañas de León

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