Doce millones de españoles pobres que no lo parecen
No pueden calentar sus casas, comprar lo básico ni llevar a sus hijos al zoológico, así es la pobreza invisible, que cada vez más se aleja de los cliclés sociales

Una mujer sostiene a un bebé en brazos mientras pasea por la calle.
Haga usted la prueba y pregunte entre sus amigos si todos tienen suficiente dinero para afrontar un imprevisto en ese preciso momento. Por ejemplo, que se estropee un electrodoméstico, se rompan las gafas de un hijo o le inviten a una boda. Pregunte también si siempre tienen los hogares a unos confortables 22 grados en invierno. Observe usted a sus familiares, por si alguno echa mano de la tarjeta de crédito para pagar las facturas de electricidad o si dejó de salir al menos una semana en vacaciones.
Si no es demasiada indiscreción sonsaque cada cuánto come carne o pescado y si pasan más de dos días sin estas proteínas frescas. Es decir, si a duras penas llegan a fin de mes pagando lo básico y no tienen cincuenta euros para un par de zapatos que sustituyan aquellos que ya no aguantan más betún ni cien para pagar su parte de la cuenta en un restaurante donde se celebran las comidas familiares. Esas personas están en riesgo de pobreza, según los baremos europeos, y son 12,4 millones en España, indican los datos oficiales.
Sin cliclés
La pobreza que nos rodea no está únicamente en los severos clichés de aquellos que no tienen techo, que hacen la cola del hambre ni en los que se visten con lo que desecha Humana. Una de cada cuatro personas está en riesgo de exclusión social. También la padecen personas con trabajo a jornada completa y que llevan un único sueldo a casa, como era suficiente hasta hace poco en tantos hogares clase media. Pero ya no. Ahora hay familias que durante años sólo pueden llevar a los niños al parque de la esquina sin soñar con salir de sus ciudades y pueblos, comienzan a lavar a mano cuando deja de funcionar la lavadora e intercambian ropa en asociaciones vecinales. Como Lina. Con 31 años y tres hijos, trabaja a tiempo completo en un supermercado. Su esposo, obrero de la construcción, está desempleado, a la espera que se reactive el sector después de verano. Hasta entrar como cajera en Dia, gracias a un programa de Cruz Roja, Lina también tenía trabajos estacionales. Limpiaba casas, hacía uñas. Ahora es el soporte económico del hogar y él se encarga del cuidado de los hijos. Lina llegó hace seis años, después de «pintar» la idea en su pareja. Primero se vino él y seis meses después, ella. Él estaba en un pueblo, intentando ganarse la vida, y ella llegó a una habitación en un piso compartido. Lograron juntarse en Madrid, dio a luz hace cinco años y hace tres trajo a sus otros dos hijos, que tienen ahora 11 y 14 años. El menor tiene una discapacidad, un «retraso madurativo», todavía sin diagnóstico firme a la espera de más pruebas genéticas y neurológicas, explica Lina. «El embarazo fue muy duro y coincidió con el covid».
Con el nacimiento del niño la familia logró la residencia y el permiso de trabajo, pero sin una red de apoyo sólida. «Un día sí podía ser pero otro día, no. Algo fijo era muy complicado». Ahora «no nos acostamos sin comer», asegura Lina. Sin embargo, «para imprevistos es difícil. Tampoco es que yo pueda decir: vámonos un fin de semana a pasear, a disfrutar. No, porque no me da la vida, no me alcanza el sueldo». En las cuentas de Lina, el 70% de sus ingresos se van en pagar el alquiler y los gastos de luz, agua y gas. Aunque la tasa Arope, diseñada para calibrar juntos a todos los países de la UE, toma en cuenta la propiedad de un coche, no considera el pago de alquiler o hipoteca ni los metros cuadrados en que vive una persona.
«El gasto de la vivienda es un factor muy determinante para estar en el riesgo de pobreza», sentencia Ruth Caravantes, responsable de Incidencia e Investigación de la EAPN-ES (Red Europea contra la Pobreza). «Vivimos una crisis con precios muy elevados para la media de salarios que tenemos. El pago de un alquiler o una hipoteca, junto a los servicios, no debería superar el 40%. Además estamos en una situación de inflación y lo que más sube son los alimentos y la energía».
La pobreza infantil en CyL, en el 28 %
El informe menciona la «extrema situación de las personas en situación de pobreza» en Navarra, Euskadi, Illes Balears, Comunitat Valenciana, Murcia y Castilla y León, donde «más del 45 % de las personas en riesgo de pobreza están en pobreza severa».
El riesgo de pobreza y/o exclusión social (tasa AROPE) en Castilla y León ha aumentado 1,6 puntos (un 7,2 %) en 2024 y se sitúa en el 24 %—la media nacional es del 25,8—.