Mari Trini, caso abierto con tres archivos judiciales
La falta de resultados en la exploración de la balsa minera motiva el auto de la jueza de Gijón que ha archivado provisionalmente las diligencias por tercera vez

La búsqueda del rastro de Mari Trini y su hija en la balsa minera fue titánica.
La desaparición de María Trinidad Suardíaz Suero y su hija Beatriz da Silva sigue abierta pero sin pistas que explorar. La falta de resultados sobre su paradero tras la exploración de la balsa de la mina de Berbes (Ribadesella. Asturias) ha motivado el archivo provisional, por tercera vez, de la causa judicial, pero la Policía no ha cerrado el caso.
Las desapariciones no tienen fecha de caducidad a efectos de investigación. Pero lo cierto es que, de momento, no hay hilos de los que tirar. La desaparición de la mujer, que tenía 24 años cuando se perdió la pista de su paradero, y de su hija, de unos 13 meses, fue denunciada oficialmente en el año 2000 en la Comisaría de Gijón.
Pero no fue hasta 2014 cuando se empezó a seguir la pista leonesa del caso. Las indagaciones policiales de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (Udev) de Gijón encontraron en la Audiencia Provincial de León la última pista de vida de Mari Trini y, presumiblemente, su hija.
La mujer acudió el 15 de julio de 1987 a firmar la citación para el juicio por malos tratos (detención ilegal y amenazas) en el que el acusado era su esposo, el portugués Antonio María Da Silva. Lo curioso es que víctima y acusado acudieron juntos a la cita.

Mari Trini, en una imagen de la época en que desapareció.
Lo que pasó cuando atravesaron la puerta del Palacio de Justicia —la puerta de la Reina del antiguo hospicio— es el nudo del misterio de la desaparición. Y el silencio de el Portugués, que vive en una residencia pública de mayores en Zamora, la clave que impide deshacerlo.
La pista leonesa llevó a Matadeón de los Oteros. En febrero de 2016, la Udev, con el apoyo del V batallón de la UME, realizó una búsqueda exhaustiva en el solar de la casa que fue propiedad de Da Silva, de donde había sido rescatada Mari Trini en abril de 1986, cuando estaba embarazada de su hija y fue encerrada en la vivienda. De este hecho, partió la denuncia ante la Guardia Civil y la apertura de juicio oral que nunca se celebró (estaba señalado para septiembre de 1987, pero no comparecieron ni acusado ni víctima).
La búsqueda resultó infructuosa. No se encontró rastro de Mari Trini ni de la bebé. La jueza ordenó el archivo provisional de las diligencias un año después, en abril de 2017. Pero quedaron muchos cabos sueltos y, sobre todo, quedaba pendiente de localizar el principal sospechoso, que se escurría de la policía española.
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La investigación llevada a cabo por Diario de León aquel verano de 2017, entre Asturias, León y Portugal, certificó que Da Silva estaba fichado por la policía portuguesa y sacó a la luz la doble vida de este hombre que tenía una familia oculta en el país vecino —con esposa y nueve hijos (uno fallecido)— aunque no tenía vínculos desde los años 80.
Con Teresa, su esposa portuguesa y varios de estos hijos, había vivido en Matadeón de los Oteros antes de casarse con Mari Trini en Villaviciosa el 6 de enero de 1985 como si fuera soltero. Lo cierto es que el matrimonio, que se había consumado en Francia, nunca fue inscrito en el consulado portugués.
Las pesquisas periodísticas dieron con otra casa del Portugués en Berbes (Ribadesella). A raíz de estos nuevos datos, el juzgado de Gijón reabrió la causa en noviembre de 2017 y en enero se realizó un registro exhaustivo de la vivienda de Berbes, donde se encontraron enseres, documentos y ropas tanto de adultos como de bebé. La impresión que causó a los investigadores es que se había producido una salida rápida del domicilio, con maletas a medio hacer y dinero en efectivo.
Al igual que en Matadeón de los Oteros, encontraron en Berbes un agujero en el suelo de la vivienda. Una especie de zulo que se atribuyó a las actividades de contrabando del sospechoso. De nuevo, no hallaron rastro de Mari Trini y su hija. El caso se archivó de nuevo en el juzgado, provisionalmente, en abril de 2018.
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En abril de 2025, la jueza Ana López-Pandiella reabrió el caso para explorar, siete años después, la balsa minera. La inmersión del equipo especializado de buceo de la Policía Nacional dio indicios positivos de la existencia de coches en el fondo.
La cantidad de lodos acumulados en la balsa, de una mina de espato fluorita cerrada en los años 50, impedía apreciar con precisión los restos, lo que motivó que se pidiera ayuda a la UME y a equipos especializados de la Policía Nacional para vaciar la laguna.
La operación se llevó a cabo entre el 2 y el 4 de noviembre de 2025 sin resultados positivos. Solo se encontró una pieza de una furgoneta de la mina y una bañera. El archivo provisional era un trámite judicial esperado. Cuando se van a cumplir 39 años de la desaparición de Mari Trini y su hija Beatriz el caso se ha encallado en el silencio de Antonio María Da Silva.