Diario de León

¿Qué pasa con tus chats, fotos e incluso criptomonedas cuando mueres? La respuesta legal te sorprenderá

La huella tecnológica ya puede heredarse legalmente para garantizar la privacidad y el legado de los fallecidos tras su partida

Una persona realiza una transacción en criptomonedas.

Una persona realiza una transacción en criptomonedas.EFE/ RODRIGO SURA

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La muerte en el siglo XXI no deja detrás de sí sólo bienes inmuebles o cuentas bancarias, sino una compleja red de datos, perfiles y activos financieros invisibles. El testamento digital ha emergido como la herramienta jurídica esencial para controlar este patrimonio intangible, permitiendo a los ciudadanos decidir qué ocurrirá con su presencia en Internet una vez hayan fallecido. Este documento no es una simple lista de deseos, sino una extensión legal que otorga seguridad a los herederos y evita que la identidad del fallecido quede en un limbo legal o a la merced de los términos de servicio de las grandes tecnológicas. 

En esencia, el testamento digital consiste en la designación de una persona de confianza que actúe como administrador de la herencia tecnológica. Su función principal es ejecutar las instrucciones del fallecido respecto a sus redes sociales, correos electrónicos y activos en la nube. Esto incluye desde la transformación de un perfil de Facebook en una cuenta conmemorativa hasta la recuperación de fotografías almacenadas en servicios de suscripción o la gestión de activos con valor económico directo, como pueden ser las carteras de criptomonedas, los dominios web o los ingresos generados a través de canales multimedia. 

Para formalizar este legado, el método más seguro y recomendado por los expertos es su inclusión dentro del testamento tradicional ante notario. El proceso es sencillo pero requiere minuciosidad, ya que no basta con mencionar la intención de dejar los datos de alguien, sino que conviene especificar qué hacer con cada plataforma. Es fundamental no incluir las contraseñas actuales de forma explícita en el documento público, ya que estas cambian con el tiempo; en su lugar, se debe establecer un protocolo para que el albacea digital o el heredero pueda acceder a ellas de forma legal a través de gestores de contraseñas o dispositivos electrónicos vinculados. 

La importancia de realizar este trámite radica principalmente en la protección de la intimidad y en la prevención del caos administrativo. Sin un testamento digital, las familias suelen enfrentarse a muros burocráticos infranqueables impuestos por empresas extranjeras que, por protección de datos, niegan el acceso a los recuerdos o información crítica del fallecido. Al dejarlo estipulado por escrito, se facilita la eliminación de rastro digital no deseado, se asegura la transmisión de activos económicos digitales que de otro modo se perderían para siempre y se evita la usurpación de identidad en cuentas que permanecen inactivas pero abiertas.

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