El gesto súper común que Carmen Lomana considera inaceptable en el amor y la amistad
Carmen Lomana critica sin rodeos la costumbre de compartir la ubicación en tiempo real: «ni con un amor, ni con un nadie»

Carmen Lomana durante su asistencia a un evento en la capital, donde volvió a destacar por su elegancia y su estilo inconfundible
En una nueva entrega del espacio "Tribunal Lomana" en el programa matinal de Kiss FM, la empresaria y colaboradora Carmen Lomana se mostró tajante con una práctica digital cada vez más común entre jóvenes y parejas: compartir la ubicación en tiempo real de forma constante. Una conducta que ha sido normalizada como signo de cercanía o incluso seguridad, pero que para Lomana no es más que una forma encubierta de control.
La conversación surgió a raíz de un reportaje del New York Times que revela que un 65% de los jóvenes estadounidenses tiene activada la geolocalización de sus dispositivos móviles con su círculo íntimo las 24 horas del día. En España, esta tendencia ha comenzado a asentarse, especialmente entre adolescentes, grupos de amigos cercanos y, cada vez más, en relaciones de pareja.
Carmen Lomana no dudó en expresar su rechazo absoluto ante esta práctica. Solo hace una excepción: la relación entre padres e hijos, cuando se trata de velar por su seguridad. «Lo veo bien para padres e hijos, si los hijos salen por la noche o están en un viaje», señaló. Sin embargo, más allá de esa situación puntual, su postura es inflexible.
«Ni con un amor, ni con un nadie», afirmó con contundencia, dejando claro que jamás aceptaría que alguien (ni pareja, ni amigo) tenga acceso a su localización en todo momento. El gesto, que muchos consideran un acto de confianza, para ella representa lo contrario, una renuncia a la intimidad y a la autonomía personal.
Gente y estilo
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Desde su perspectiva, normalizar este tipo de comportamiento puede derivar en dinámicas insanas, especialmente dentro de las relaciones románticas. Y no es la única que lo advierte, diversos medios ya han alertado de que este uso constante de la localización puede transformarse en un patrón de desconfianza, vigilancia excesiva y, en los peores casos, violencia digital.
Lomana, con su estilo directo y lúcido, ironizó sobre cómo sería tener a alguien monitorizando cada paso: «Va a terminar más loco», insinuó entre risas. Y bromeó con que si alguien tuviera acceso a su ubicación, acabaría obsesionado por saber por qué se movió tres calles o si ha entrado a una discoteca.
Para ella, lo que en principio podría parecer un gesto de cariño, es en realidad una puerta abierta a la toxicidad. «Totalmente en contra, totalmente», remató.
Este tipo de declaraciones no solo reafirman su carácter independiente y moderno, sino que también conectan con un debate más profundo sobre los límites del amor digital, la privacidad y el consentimiento en la era de la hipervigilancia.
Como reflexión final, Carmen añadió una frase que encapsula su filosofía personal: «A nadie le interesa saber dónde estás en todo momento». Una postura que puede parecer anticuada para algunos, pero que en realidad invita a recuperar una noción clave que la tecnología parece haber difuminado: la libertad individual.