Ofensiva contra los gatos en León: ¿qué ocurre tras las últimas decisiones políticas?
Abandonos, robos de cachorros, maltrato, camadas indeseadas, sobrepoblación, ataques a las colonias de gatos callejeros… León no es ciudad para gatos. Hay una explicación

Un whatsapp desató la alerta entre las asociaciones protectoras de León. «Buenos días. Lamentablemente se ha agotado el presupuesto destinado a las colonias felinas que se dedica en su totalidad a castraciones. Por lo tanto quedan suspendidas hasta nuevo aviso». Era el 30 de noviembre del año pasado. El Ayuntamiento de León se ha desentendido desde entonces de su obligación legal de atender a los gatos callejeros. La Ley de Bienestar Animal convierte a los ayuntamientos en responsables civiles de todos los gatos callejeros que viven en sus municipios. Los consistorios están obligados a capturarlos, identificarlos con un microchip, castrarlos, vacunarlos y devolverlos a las colonias. Es el plan CER (captura, esterilización y retorno), que en la ciudad impulsó una pionera, Carmen Caríssimo —lo propuso incluso para los programas electorales de los leoneses en ‘100 ideas para las elecciones’ que promovió en 2015 el Diario de León-, y la asociación Argos-León. Además, esa Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales establece que los gatos callejeros no podrán ser sacrificados y obliga a los ayuntamientos a disponer de un veterinario colegiado que atienda a los gatos comunitarios que lo requieran.
Por whatsapp era también el procedimiento para la castración: un mensaje, un día, una hora y el lugar, el Hospital Veterinario.
El Ayuntamiento de León no facilita datos oficiales pero consta que en 2021 destinó a los gatos callejeros 2.000 euros, en 2022 cuatro mil y 8.000 euros en 2023. Desde hace cinco meses no dedica ni un solo euro. Tampoco ha dado ninguna explicación a las protectoras y a las cuidadoras (son mayoritariamente mujeres) de las colonias de gatos ferales. Tampoco a los partidos de la oposición. «En su línea», comenta de manera concisa David Fernández, portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento de León.
«Es un paso atrás, un gran retroceso», denuncian las asociaciones protectoras de gatos de León.

Captura de una gata en una colonia para su castración.
La decisión municipal ha impactado directamente en la superpoblación de gatos callejeros, con más camadas indeseadas y el descontrol sobre los gatos de la ciudad, donde hay unas 60 colonias aunque registradas sólo 49.
El plan CER es un programa fundamental para controlar el número de gatos callejeros pero también es una cuestión de salud animal y humana según el concepto extendido ya internacionalmente de la OMS One Health, que contempla que sólo hay una salud y no existe salud humana sin la animal y la medioambiental.
La suspensión de la partida económica ha impactado directamente en las cuidadoras particulares, con menos recursos que las asociaciones o que los colectivos que se han agrupado y que mensualmente aportan una cantidad de dinero para las esterilizaciones. Es el caso de Proyecto CES de El Bosque de Sury, que ha esterilizado ya a 600 gatas y cien gatos en el entorno rural de la ciudad. Argos y el resto de las protectoras han perdido ya el número de ferales castrados.
La atención a los callejeros recae en particulares. A falta de ayuda institucional, son los ciudadanos los que asumen los cuidados de todo tipo que necesitan estos animales, así como su alimentación. Se responsabilizan de labores que tienen que hacer las administraciones públicas. Los gatos dependen de su solidaridad, que no está exenta de problemas que a veces se traducen en ataques personales, vecinos que increpan y destrucción de los refugios donde duermen los gatos callejeros. Ese es el motivo por el que una cuidadora de colonias ferales no permitirá nunca la publicación de su nombre y apellidos. Algo que sucede también con voluntarios y voluntarias de las asociaciones protectoras de animales y de sus juntas directivas. Y, por supuesto, guardan con celo los lugares donde están las colonias. Desvelar uno supone poner en peligro a los gatos y gatas que viven allí. Tantas veces en peligro de muerte. Son envenenados.
En la misma situación que León está el Ayuntamiento de San Andrés, que todavía tiene pendiente aprobar en pleno un plan CER para su municipio y hace meses que retiró, además, la ayuda a la Protectora de Animales de León, por lo que no sólo los gatos están en situación de abandono, también los perros. Mejor opinión tienen las protectoras y cuidadoras de gatos sobre el Ayuntamiento de Villaquilambre, del que dicen que «cumple».
Si difícil es encontrar ayuda oficial en las ciudades o, al menos, algo de sensibilidad hacia la situación de los animales callejeros, más lo es aún en los pueblos.
«Aquí la gente ha criado toda la vida a sus gatos de manera libre y sin castrar, simplemente muchos para cazar ratones, y cuando las camadas han sido abandonadas se han buscado ellos solos lugares con refugio y donde podían encontrar alimento y han continuado reproduciéndose. Sin castrar la situación se desborda y sin adoptantes para los pequeños no vamos a poder conseguir reducir el número», dicen desde Huellitas del Esla, que ayuda a gatos callejeros en Mansilla de las Mulas y su entorno. «Actualmente hay más de 200 gatos ferales y todavía siguen apareciendo camadas nuevas», apuntan. «Se necesita urgentemente que los ayuntamientos activen el CER y doten a las protectoras de un refugio habilitado para poder recoger las crías y que salgan adoptadas correctamente y se pueda ir castrando a los que ya están en edad reproductora», instan.

La Ley de Bienestar Animal tampoco ha ayudado. Más bien al contrario. «Quizás, incluso, ha provocado, sin ser la intención del legislador, que haya más gatos abandonados por no querer pagar el chip, la esterilización o vacunas», describen desde Argos-León. «Es la opción horrible que toma mucha gente», añaden. «No se sanciona, ni la Policía ni el Ayuntamiento obligan a cumplir la ley a quién deja su gato en la calle abandonado así que abandonar sigue siendo gratis».
«La Ley de Bienestar Animal no beneficia en la lucha contra los abandonos», dicen desde El Carro de Freya, que gestiona colonias en Villaquilambre. «La Policía no puede buscar al dueño del gato, así que todo queda impune».
«Ni las autoridades que tienen las competencias sobre la ley actual se ponen a cumplir y a trabajar ni la gente que con toda buena voluntad está en la calle actúa correctamente o en positivo», apunta desde la asociación Bastet, que atiende callejeros en San Andrés del Rabanedo. «Hace falta mucha formación para la buena gente que ayuda a sobrevivir a los gatines. Y según la nueva ley, tienen la responsabilidad de los ayuntamientos y no hacen nada, ni responsabilizándose ni formando a la gente», añaden. «Unos porque los odian y otros porque dicen amarlos y no saben como protegerlos…», apostillan.
«La gente no está acostumbrada a poner el chip a sus gatos y eso facilita el abandono, por eso es urgente que cada vez que un gato entre en un veterinario, ese gato salga con chip porque si luego sucede algo con él, es la única manera de demostrar que tiene dueño. Nosotras somos conscientes de que alguno de los que hay en colonias se ha castrado y tiene dueño pero no puedes demostrarlo, por lo tanto el coste de la factura se abona con los ingresos de la asociación, que son exclusivamente donaciones de particulares», denuncian en Huellitas del Esla.

Abandonos. El gran peligro que acecha a los gatos caseros.
«Un gato no es feral porque viva en la calle, es feral porque ya ha nacido allí. Los dejan abandonados en las colonias o en las puertas de nuestras casas. Si supieran el riesgo que corren…», explican en El Carro de Freya. Peleas, atropellos, contagio de enfermedades, rechazo y ataque del resto de los gatos de la colonia, la imposibilidad de saber encontrar comida o agua...
«La gente sigue sin castrar a sus gatos y cuando tienen camadas los dejan en colonias para así aliviar su cargo de conciencia pensando que al menos van a tener alimentación, pero no son conscientes de que un gato que se ha criado casero no sabe sobrevivir en la calle y la mayoría, lamentablemente, terminan atropellados», describen las responsables de Huellitas del Esla.
«Es complicado para todas las asociaciones desviar recursos de todo tipo, económicos, casas de acogida y desgaste de energía psicológica sólo porque a alguien se le ocurra abandonar a su gato o gata, o a los cachorros de su gata que tiene en casa sin castrar, y que va a seguir sin castrarla. El abandono sigue saliendo gratis, a pesar de la nueva ley», dicen en Argos.
«Todas las asociaciones protectoras estamos saturadas por nuestros casos propios y sobresaturadas por los abandonos. Ninguna está preparada para hacer frente a este tremendo fenómeno de dejar tirado en la calle a gatos adultos, cachorros y bebés, en ríos contenedores, colonias...etc. Todos hacemos lo que podemos pero imposible llegar a todo sin ayuda de los ayuntamientos», apostillan en Argos-León.
«Los gatos no son un juguete ni peludines simpáticos», advierten en Bastet. Esta asociación denuncia además otra circunstancia habitual. «Hay demasiada gente robando gatitos a las mamás callejeras para darles en adopción o regalarlos sin control y en cuanto el gatito da gastos veterinarios, se vuelve juguetón y hace destrozos y marca en casa con su orina por no castrarle, ese gatito lindo de calendario que alguien muy sensible robó a una mamá cuando iba a buscar comida y que adoptaron en redes y sin contrato, algo que sólo pueden hacer protectoras o instituciones competentes, pues ese gatito ya tiene 6 u 8 meses y molesta y da gastos así que mejor abandonarle en una colonia o en la calle sin más, donde no durará ni un asalto al otoño y menos al invierno», explican.
Los gatos, como los perros, también se enfrentan a los problemas de sus dueños. Desde dificultades económicas —la asociación MasQPerros-Los otros vecinos tienen un banco de alimentos para animales cuyas familias están en situación vulnerable— a la imposibilidad de encontrar una vivienda que se ajuste al presupuesto y que admita mascotas.
Y un llamamiento a los dueños de los perros: que los aten cuando pasean por una zona de colonias de gatos callejeros. «No son juguetes, es muy duro ver que a un gato que estás cuidando lo ha destrozado un perro por divertimento. Y más duro aún es ver que el dueño lo consiente», dicen las cuidadoras de ferales.

«Los gatos cumplen muchas funciones, pero para todos aquellos que no los respetan tienen que saber lo que sucede cuando se decide hacer desaparecer una colonia: está más que comprobada la proliferación de ratas y ratones. Es ley natural, no hay que darle vueltas, si hay gatos, la afluencia de roedores es muchísimo menor, primero porque los gatos a pesar de que los alimentamos siguen cazando por instinto y segundo porque los roedores no acuden tanto a lugares donde huelen a los felinos porque saben que no los van a dejar tranquilos».
Ajenos a todo, Nube, Rayo, Bolita, Cleo, Pepe, Chiquitina, Tigre, Princesa, Pelos y tantos otros salen de sus cobijos a saludar a sus cuidadoras en las colonias de gatos y gatas ferales de León cada día. Todos tienen nombre, no hay ni uno solo que no lo tenga. Todos son conocidos, tiene una historia, son atendidos. Una ley que se incumple les ha dado la categoría legal de seres sintientes y, sobre el papel, derechos. Una legión de personas velan por ellos. Voluntarios y voluntarias volcados en ponerlos a salvo del peligro de la calle. Y de los humanos.