martes 26/1/21

Algo que me abrigue

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josé enrique martínez

La poesía contemporánea se difunde tanto en papel como en las redes sociales, que tienen la virtud de llegar a más gente en menos tiempo y con menos coste. En ellas ha crecido con éxito una generación de poetas que al parecer disfruta de seguidores que se cuentan por miles. No por eso desdeñan la publicación tradicional, el libro. Es el caso de Elvira Sastre (Segovia, 1992), que se mueve con fortuna en uno y otro campo. En este, el del papel, además de la novela Días sin ti, premio Biblioteca Breve en 2019, lleva editados media docena de poemarios, con la fortuna de verse apadrinada, entre otros, por Benjamín Prado, que prologó su primer libro, Cuarenta y tres maneras soltarse el pelo (2014), y por Joan Margarit, que lo hizo con La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida (2016). Su nuevo libro parece que se iba a titular La razón de los lamentos, que acaso subrayaba lo que podía tener de quejumbroso, mientras que el título definitivo, Adiós al frío, aparenta prescindir de un pasado lastimero para mirar hacia un más cálido futuro.

Desde el comienzo del poemario las palabras van dirigidas a un tú con el que el sujeto, digamos la poeta, mantuvo una historia amorosa, constituyéndose el poemario, en parte, en una inmersión en la memoria «para encontrar algo que me abrigue», y abocando a la conclusión de que los recuerdos «cuanto más lejos están / más queman». Si la sorpresa es propia de la buena poesía, cuando se da al final del poema acaba iluminando al poema entero, instigándonos a la relectura. El recuerdo es, pues, el asunto de esta poesía que nos habla de esa otra persona evocada entre la remembranza y «este olvido que no es sino necesidad de recordarte.../ para no tener que descubrir / que el golpe ya no me hace daño», otra conclusión de poema que nos hace partícipes de ese sobresalto que pedimos a la poesía. Lo que expresa la de Elvira Sastre son estados sentimentales motivados por el amor, la pérdida, la ausencia, la herida, el daño, el dolor, la tristeza y la soledad. Pero lo hace con tal fuerza, con tal vehemencia, que parece estarlos orillando con ese «adiós» que da título al poemario. Un adiós, por otra parte, que no es parco en palabras, pues los poemas suelen dilatarse por procedimientos anafóricos sin cuento o por enumeraciones inmoderadas, como sucede en La lista de la compra. Sentimental, comunicativa, elegíaca y de fácil tránsito para el lector es este «largo lamento», como tituló Pedro Salinas uno de sus libros.

Algo que me abrigue
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