martes 18/1/22
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cristina fanjul

Una sorpresa editorial, una joya que ha conseguido el premio del Ministerio de Cultura al Libro Mejor Editado del Año y que ya ha sido traducido al francés, al polaco y al holandés. La obra de José Luis Macías Atlas de los faros del fin del mundo es como un sortilegio literario que nadie se puede perder.

—¿Dónde sitúas el fin del mundo? Desde el punto de vista literario y personal.

—Intuyo que el fin del mundo está en lo desconocido, aquello que te atemoriza y te atrae al mismo tiempo, lo que no está representado en el mapa o se escapa a la comprensión del tiempo.

—Los faros tienen connotaciones poéticas muy potentes. ¿Cómo comenzó a fraguarse el proyecto? ¿Cómo las historias? ¿Cómo elegiste los faros y por qué?

—No había tenido ninguna relación especial con el mar, ni con los faros, ni en mi trabajo, ni en mis experiencias vitales. El proyecto nace de esa fascinación hacia lo desconocido y de situar los faros en el territorio de lo épico y lo poético. Surgió por casualidad; comencé a dibujar uno faros para la portada de un disco y por la misma época me llegó una historia sobre un faro en una isla de Nueva Zelanda que me dejó atrapado. A partir de ahí hay un largo proceso de documentación para dar forma a los textos y las ilustraciones del libro. La elección de los faros responde a la potencia de las historias que cuentan. También hice una selección geográfica para que estuviesen representados faros de todos los continentes y tuve en cuenta que las historias sobre mujeres fareras no quedaran fuera.

—¿Qué faros literarios te han alumbrado?

—Creo que hay referencias a la literatura clásica de viajes y aventuras, obras de ficción como El faro del fin del mundo de Verne, (de donde toma el título) o relatos de viajes «reales», como La primera vuelta al mundo de Antonio Pigaffeta. Sobre todo está presente la atracción que siento por los mapas y los atlas desde pequeño. El libro aúna geografía y literatura.

—¿Cuántos de los faros que aparecen en tu obra has visitado?

—Ninguno, afortunadamente… hay faros que están en lugares tan aislados que llegar es sino imposible, verdaderamente costoso. Hay otros, sin embargo, que su acceso no es tan complicado. Estuve tentado a visitar alguno de estos antes de terminar el libro, pero creo que sus historias hubieran quedado con un tono muy diferente. Así que me he quedado en casa y he escrito y dibujado todo a partir la documentación que he encontrado. Pero en fin… Julio Verne tampoco llegó hasta la Patagonia para ver el faro del fin del mundo, ni estuvo en la luna, ni en el centro de la tierra…

—¿Cómo has digerido el éxito del libro? Creo que, además, va por la quinta edición ¿no?

—Lo inesperado hay que disfrutarlo. Aunque es un proyecto elaborado con mucha dedicación y mimo, no preveíamos que fuera a tener tanta repercusión, ni tan buena acogida por parte de los medios, las librerías y los lectores. Ediciones Menguantes es una editorial muy pequeña y con pocos recursos, pero el premio nacional al libro mejor editado que le ha otorgado este año el Ministerio de Cultura ha sido un excelente reclamo. Acaba de salir de imprenta la sexta edición.

—Háblame un poco de tu background artístico

—Llevo trabajando mucho tiempo sin hacer demasiado ruido. He estado implicado, creando o participando, en infinidad de proyectos artísticos, musicales y literarios. Mi trayectoria profesional ha estado centrada en el diseño gráfico, donde afortunadamente trabajo para el sector cultural y editorial.

—¿Qué supuso la publicación del postcast?

—Llevar una parte de este libro a un podcast fue idea de Fernando Tascón, periodista de Radio Bierzo, que intuyó el potencial de las historias. La empresa Prodigioso Volcán dio soporte a los audios y las narraciones se hicieron con las voces de los miembros del grupo de teatro Conde Gatón de Ponferrada. Ha sido emocionante y también un reencuentro con viejos amigos.

—Los faros fueron un recurso de la literatura gótica, pero desde entonces no habían vuelto a utilizarse ¿Qué has aportado al ideario farero en la cultura occidental?

—Creo que la épica de faros y las vidas de los fareros han estado presentes en la literatura, la música y el arte, desde el siglo XIX hasta la actualidad. El libro recoge algunas historias intensas, basadas en hechos reales que podrían pertenecer a cualquier relato de la literatura gótica, pero no se queda ahí. Creo que muestra la dignidad de la profesión de farero, un oficio que está en vías de extinción. Habla también de ingeniería civil, de geografía, de arquitectura, de construcciones prodigiosas, de luces y lámparas… contiene ilustraciones, planos a escala, cartas náuticas… para mi tiene un tono luminoso y contemporáneo.

—Creo que lo van a traducir al alemán y al inglés. ¿Qué supone para ti ese salto?

—Si. Es muy emocionante, y casi increíble, ver que el libro traspasa fronteras. Ya está editado en polaco y francés; en holandés está a punto de salir y, si todo marcha bien, va a ser traducido a otros nueve idiomas más, incluido alemán e inglés, durante el próximo año. Todo ha sido una sorpresa… a mi me resulta bastante surrealista que me hagan entrevistas desde Polonia.

— ¿Se te quedó alguna historia en el tintero? ¿Y algún faro? ¿Habrá segunda parte?

—Hay muchos faros aislados que podrían estar en el libro y se quedaron fuera. Algunos de ellos en las costas españolas. Es tentador pensar en una segunda parte del libro, pero, por el momento, no lo tengo previsto. Ahora toca disfrutar de esta y pensar en nuevos proyectos.

«Julio Verne tampoco estuvo en la luna»
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