viernes 20/5/22
José María Vázquez, con la Torre del Reloj al fondo. L. DE LA MATA

Propietarios de negocios del casco antiguo y la parte alta de Ponferrada crearon, hace ahora un año, la Asociación El Reloj para tratar de dinamizar y poner en valor una zona que había ido perdiendo fuelle en los últimos años. No alcanzaron a dar los primeros pasos y les pilló la pandemia. Aún así, trabajan con el objetivo de base y han ido sumando logros a la espera de que escampe para poder desarrollar los proyectos que tienen en mente. El presidente de la asociación que aglutina a medio centenar de negocios, José María Vázquez, cuenta cómo están capeando el temporal.

—¿Cuál es la situación actual de la hostelería, abierta pero acotada?

—La situación sigue siendo compleja, porque el aforo reducido al 33% y la hora de cierre a las diez de la noche impiden que se pueda tener un nivel de facturación en las cotas de antes, cuando los gastos son los mismos. Los números no cuadran y, como estamos viendo en Ponferrada, muchos establecimientos se han decantado por no abrir mientras no se amplíe la limitación del aforo, se exceda un poco el horario de cierre o mejore la situación sanitaria. Por nuestra cultura, si tenemos que estar a las diez en casa no vamos a cenar a un restaurante y eso repercute en el bar, porque tampoco se va a tomar una copa, y también en el comercio, porque no te compras esa camisa para ir a esa cena.

—Vuestra pregunta es por qué las diez y no las doce de la noche.

—Dejando claro que nuestra asociación apoya y va de la mano de las autoridades sanitarias, que son las que tienen que determinar este tipo de cosas, a nivel empresarial no le vemos ningún tipo de sentido y abogamos por ampliar el horario de cierre hasta las doce, porque si se hiciera así muchos comercios podrían ver cierta viabilidad dentro de la desgracia actual.

—Dices que los números de la hostelería no cuadran. ¿Se cierra el día con pérdidas?

— Hablo de una forma muy genérica porque no conozco la situación financiera de cada uno de los socios, pero me cuesta creer que puedan cuadrar los números. No creo que con unos gastos prácticamente fijos nadie esté ganando el 66%. Con esa reducción, me imagino que la gran mayoría de locales tengan pérdidas.

—¿En que os ha beneficiado asociaros?

—Nuestro objetivo principal era dinamizar la zona alta de Ponferrada, ya que veíamos que se estaba quedando descolgada de las tendencias tanto de comercio como de hostelería. Es beneficioso asociarse porque unidos conseguimos una fuerza mayor, principalmente en la relación con las administraciones. Por ejemplo, tenemos una voz en el Ayuntamiento, donde hemos conseguido ciertas cosas. Hemos presentado de propuestas generales hasta una petición particular que se manifiesta en la asociación y se considera una causa justa. Te hablo de limpieza, retiradas de contenedores mal posicionados, permisos para hacer eventos u ocupar espacios públicos... En una asociación se crean multitud de sinergias que entre los negocios que son positivas.

—¿Habéis conseguido frenar el retroceso del casco antiguo y la zona alta?

—La situación va muy pareja a la de toda la ciudad, que es una zona deprimida. Pero es verdad que dentro de esa depresión hay zonas más afectadas que la alta, que está teniendo un repunte. Estamos viendo cada vez más pequeños comercio y en lo que se refiere a los flujos de gente, al final el casco antiguo es lo que atrae al turista, a la gente que viene de fuera, y tenemos que aprovechar eso.

—En la situación actual, no queda más que tirar de imaginación para generar movimiento. Habéis puesto en marcha una campaña navideña con varias acciones.

—Sí. Estamos muy limitados por el coronavirus y eso ha dado al traste con alguno de los planes que teníamos. Aún así, hemos sacado unas cestas muy atractivas. Cada uno de los asociados ha cedido productos y servicios para crear esas cestas y ofrecemos desde cinco sesiones de fisioterapia hasta una cena para cuatro, una noche en un albergue, vino del Bierzo, cerveza artesanal y muchas cosas más. Con esto esperamos relanzar el comercio de barrio. Además, hemos firmado un acuerdo con la empresa J. Rilo, que cumple 50 años y ha hecho cien tarjetas regalo para sus trabajadores por importe global de 4.000 euros a gastar en los comercios de nuestra asociación. Poco a poco vamos haciendo lo que podemos, tenemos ganas de más pero esta situación nos lo complica. Aún así, tratamos de movernos para atraer gente a nuestros negocios.

—A parte de lo que hacéis a nivel colectivo, los propios asociados han desarrollado iniciativas propias pensadas también para fidelizar al cliente y, en algunos casos, ligadas a la promoción de productos del Bierzo.

—Eso es. En mi caso, en Coherencia, nos hemos puesto de acuerdo con diferentes bodegas de la DO Bierzo para lanzar un juego con el que la gente pueda disfrutar del vino haciendo una pequeña cata en su casa. Acabamos de sacar a la venta un estuche de una cata a ciegas compuesto por dos vinos del Bierzo en botellas lacradas, instrucciones y recomendaciones para catarlos a nivel olfativo, gustativo y visual. Todo ello acompañado de las respuestas que da el enólogo de la bodega, dos copas y un descorchador. Y al igual que Coherencia, otros muchos miembros de la Asociación El Reloj han hecho packs de regalo, instaurado el servicio a domicilio o la recogida en el local, etcétera. Al final, todos nos estamos moviendo lo que podemos para capear este temporal.

—En los últimos meses se ha hablado mucho del apoyo de las administraciones. ¿Y la sociedad?¿La gente de aquí pone de su parte? ¿Consume producto de proximidad?

—Tengo la esperanza de que así sea, de que cuando vienen mal dadas haya esa fraternidad entre ciudadanos. Ponferrada y el Bierzo en general es una deprimida que va a menos y tenemos que ser conscientes de que debemos ayudarnos y apoyarnos. Yo, a nivel personal, tengo unos hábitos de consumo muy cercanos a mi tierra. Por lo tanto, si no está pasando ya, sí creo que lo que está pasando nos va a servir para humanizarnos un poco más y apoyar a nuestro vecino, ya que al final eso repercute en la cadena en la que estamos todos, que es Ponferrada y es el Bierzo.

—Comentabas al inicio que muchos negocios han decidido no abrir por la falta de rentabilidad. ¿La zona alta corre riesgo de retroceder el camino andado?

—Sí, aunque espero que no sea así, sí cabe la posibilidad de que haya negocios que se vean abocados al cierre definitivo. No obstante, yo prefiero ser optimista y tengo la esperanza de que el casco antiguo se revalorice como ha sucedido en otras ciudades, que las administraciones lo cuiden, lo señalicen, que haya un mantenimiento adecuado tanto de limpieza como de mobiliario urbano y que sea lo más llamativo para instaurar un negocio.

—¿Cómo debería ser el plan de rescate que pide la hostelería?

—Tendría que haber una rebaja fiscal. El Ayuntamiento de Ponferrada ha rebajado un 50% el impuesto de las terrazas. ¿Que no es suficiente? No. ¿Qué ayuda? Sí. Entonces, emplazamos al resto de administraciones a que hagan acciones parecidas. La hostelería es un 15% del PIB y el número de familias que depende del sector es muy amplio. Tendría haber ayudas directas.

—Lo que ha quedado demostrado es que la hostelería y el comercio son el alma de la ciudad. Sin ellos, Ponferrada está apagada.

— Sí, creo que eso es un clamor que todos sentimos. A los bercianos nos gusta salir a la calle a tomar un vino y encontrarnos con la gente, ver que los bares no cierran, sino que abren nuevos establecimientos, que se hacen reformas, que se crea cierta alegría. Y eso te lo va a dar siempre el pequeño comercio y la hostelería.

«A los bercianos nos gusta salir de vinos y encontrarnos con la gente»