Diario de León
Publicado por
JOSÉ ÁLVAREZ DE PAZ
León

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MIENTRAS el Bierzo sigue perdiendo población, Ponferrada crece a costa del despoblamiento de su entorno, batiendo todos los récords de licencias de contrucción, 1.744 el último año. Y mientras la provincia de León encabeza el índice de despoblamiento nacional, la población española crecerá hasta 2050 y superará los 53 millones de habitantes. La más alta concentración de grúas se sitúa en el polígono de la Rosaleda, despegando con fuerza imprevisible. Algunos devotos de la globalización parcelaria, la denominan «la única opción viable», como si dijéramos que el puerto de Villagarcía es el único puerto de mar. Si en vez de tres mil viviendas fueran 1.500, con menos especulación del suelo, vivienda joven, cooperativas, en vez de la torre más alta de la Iberia del bosque caducifolio, estaríamos hablando de otra opción, como la tan vilipendiada hace algunos años desde la oposición en Ponferrada, cuando gobernaba Celso. ¿Quien ha dicho que todas opciones son la misma cosa, que el fin de las idelogias ha llegado, que existe un solo modelo de desarrollo urbano, un concepto unidimensional de la gestión pública, la definitiva despolitización de la caldereta y sus derivados?. Afirman los protagonistas de la nueva ciudad naciente, que la mitad de los pisos ya están vendidos, no sabemos si es el libre mercado y su mano invisible quien cierra los tratos o, como San Agustín sospechaba, son forzados por la presión de alguna almazara, como la Historia misma. Digo esto porque según El Jueves, la revista que sale los miércoles, el Ayuntamiento de Cacabelos ha puesto un límite de diez años para que los compradores de nichos mortuorios los ocupen efectivamente en el cementerio.Si algo parecido ocurriera en la Rosaleda, la gestión ya no sería tan brillante y, como dijo aquel en un entierro, no alabarla tanto, que de todo tenía. Los arquitectos del Campus Universitario, han elogiado, por su parte, el diseño de la torre de la Rosaleda como una opción de futuro y de calidad de vida. Me sorprende esa opinión, porque suelo pasear los amplios y atrevidos espacios del Campus berciano, donde crecen las nogales y nos acogen las solanas de pizarras calientes y las zonas verdes olvidadas, olvidadas también del Ayuntamiento. Siento mucho respeto por los creadores de tan acogedoras áreas de relación y disfrute. A lo mejor tengo que reconocer un día, como el cabreirés Andrade, que no soy el rio Sil para no mudar de curso y de consejo.

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