domingo 15.09.2019
Taller de cartografía de incendios

El fuego con ojos de halcón

La Escuela de Ingeniería Agraria y Forestal enseña a una quincena de agentes medioambientales y personal dedicado a la extinción la forma de perimetrar los incendios con los datos obtenidos de los satélites.
El fuego con ojos de halcón

Ocurre con las manifestaciones. Nadie se pone de acuerdo a la hora contar el número de asistentes. Y sucede también con el fuego. Siempre parece que se ha quemado más monte del que reconocen las cifras oficiales.

La solución está en el aire. En las imágenes aéreas que permiten calcular los metros cuadrados que ocupa una protesta. Y en el caso de los incendios, en las fotografías tomadas por drones y satélites, que permiten elaborar toda una cartografía del fuego una vez que se han extiguido las llamas. A veces incluso antes, según contaba ayer la profesora de la Escuela de Ingeniería Agraria y Forestal del Campus de Ponferrada, Flor Álvarez Taboada, que junto a la ingeniera forestal Bárbara Silván, ex alumna del centro, ofrecieron un taller de Seguimiento y Cartografía de incendios que reunió a una quincena de agentes forestales y trabajadores de las brigadas que se dedican en verano a la extinción del fuego, sobre todo.

«En el fuego de La Tebaida se hablaba de que habían ardido más de dos mil hectáreas, pero no se había apagado todavía el incendio y ya teníamos imágenes del satélite Landsat de Nasa que lo dejaban en mil doscientas», explicaba ayer Álvarez Taboada poco antes de impartir el taller, dedicado a conocer las fuentes de datos de «sensores remotos disponibles» para medir la extensión de un incendio, como es el caso también del satélite Centinel, más preciso todavía, y cómo y cuándo descargar la información.

Los alumnos usaron imágenes del incendio ocurrido en Pozos el pasado 3 de marzo para delimitar la superficie quemada. El margen de error de las imágenes pixeladas de satélites como el Centinel es de las más bajas (en torno a 20 por 20 metros), y resulta más preciso incluso que la perimetración tradicional sobre el terreno, que depende de la orografía. Recorrer el perímetro del incendio «es más complicado y tedioso», explica Flor Álvarez, y en el caso de grandes catástrofes, lo más rápido es recurrir a las imágenes del satélite, o incluso de un dron. Así se ha hecho, por ejemplo, con el gran incendio que asoló Fort MacMurray, en el estado canadiense de Alberta, que arrasó más de doscientas mil hectáreas en su primera semana en activo y que ardió durante cuatro meses.

Hay que aprender, eso sí, a interpretarlas. «Si las copas de los árboles no han ardido pueden engañar y sigue siendo superficie quemada», advierte la profesora de la Universidad de León. «Hay que saber cómo se contemplan los incendios», añade. Álvarez Taboada recuerda además que las fotografías satélite también transmite información sobre los puntos de calor y la humedad de la vegetación muy útiles para prevenir incendios y para estudiar de qué forma se recupera un área quemada.

En incendios como los que sufre el Bierzo, los técnicos de la Junta suelen usar las fotografías del satélite y después verificar la extensión sobre el terreno, explica Álvarez Taboada. La conclusión es que los datos que facilita la Junta, pie a tierra y a ojo de halcón, son más fiables que cualquier vistazo de unos ojos no expertos.

El fuego con ojos de halcón