viernes 21/1/22
Profesiones sin paro

Jonathan, el último zapatero de caballos

De Bembibre, es el único herrador profesional del Bierzo, trabaja con un furgón equipado con una fragua y dijo «no» a su fichaje para Arabia Saudí
                      El herrador Jonathan Carvalha Asenjo está pegado a los caballos desde que nació, en la imagen en Villafranca. M.F.
El herrador Jonathan Carvalha Asenjo está pegado a los caballos desde que nació, en la imagen en Villafranca. M.F.

Entró en la cuarentena de la vida y desde los 16 años su trabajo ha estado ligado a los caballos. Además de susurrarles al oído, a esa edad, Jonathan Carvalha Asenjo empezó a conocer el oficio de herrador, por sus vínculos familiares con la cuadra Santa Bárbara, en Bembibre, población en la que nació. Jonathan es ahora mismo el único herrador profesional que hay en el Bierzo.

Este herrador se ha especializado de tal manera que hasta los jeques de Arabia Saudí se han fijado en él para contratar sus servicios. Ha tenido ofertas. Pero Jonathan es un alma libre, una especie de verso suelto; de esos que aprecian mucho más la libertad y estar a gusto en su tierra, que todo el oro del mundo. Lo contaba ayer a este periódico, después de verlo herrar un caballo en una espléndida finca de prados y viñedos de la poética y bella Villafranca del Bierzo.

Ver herrar a Jonathan un espléndido quino es puro arte. El animal debe saberlo, porque coloca sin espasmo alguno su pata encima del pedestal para que le adapte a la perfección la herradura, con la que podrá luego trotar y moverse por el campo con mayor comodidad.

«Empecé sujetando patas, conocí el trabajo de herradores mayores y luego me fui a formar de esto en Madrid, Allí comencé de ayudante y luego me puse aquí por mi cuenta», resume. Con 20 años dedicado a esto, se las sabe todas. Jonathan se mueve con una furgoneta equipada al más último detalles, con todos los artilugios de modernidad posible —hasta con fragua móvil— para dar el trato más exquisito a caballos que pueden valer cientos de miles de euros, incluso millones. Hace poco estuvo en un curso en el País Vasco, no deja de formarse. Explica que es un trabajo con el que se gana dinero y ahora mismo no existe nadie que quiera seguir sus pasos.

Jonathan, el último zapatero de caballos