jueves 19.09.2019
CUATRO GATOS

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LOS MEDIOS de comunicación son una trampa que nos hace creer que estamos enterados de todo cuanto ocurre. Son un avance en proceso de experimentación todavía. Son sketchs, segundos de realidad viajera que viene y va por ondas moduladas y medias, por cables y por papel impreso en blanco y negro o a color. Nos hacen acariciar la ilusión de estar en toda la actualidad detallada del mundo. Los políticos locales despiertan a mañanas ocupadas por papeleo y exigencias de la línea a seguir. Los pájaros despiertan a amaneceres de una primavera caprichosa, como los caprichosos comentarios de quien se queja del frío y al día siguiente se queja del calor. Los agricultores despiertan a otro día con nuevos brotes, con frutos, con el tractor nuevo, con el tractor estropeado, con el mercado por delante. Los alumnos de la escuela de cine despiertan al caos de prácticas y final de curso y desorganización y falta de transparencia e interrogante motivante o descorazonador de lo que va a ser de sus vidas. Los peregrinos pasan por las calles desiertas con cafeterías y nuevos hoteles madrugadores para ellos, y se llevan una impresión fugaz y en estado puro de una mañana más. Se encuentran con los regadores de camión pequeñito, mientras en alguna radio las palabras enlatadas de la ministra de medio ambiente anuncian-piden-aseveran que hay que racionar-cuidar-escatimar el gasto de agua. Mientras tanto, cientos de millones de chinos duermen en colmenas de hormigón. Y todavía quedan tribus primitivas, primigenias, habitadores de la naturaleza más recóndita y virgen. Y la guerra en Irak se nos despieza en programas televisivos. ¿Y la hermética Corea?. Pero el quebrantahuesos ya está salvado de la extinción por ingeniosos y entregados naturalistas. Y María, que tiene setenta y pico, friega las escaleras de mi edificio todos los lunes, y riega las plantas que nadie cuida más. Y los moradores esporádicos del Hogar del Transeúnte agradecen sin querer el comer en compañía. Y los panaderos se afanan en sucesivas madrugadas ajenos al olor que se despliega fuera de la panadería. Y los gatos recuerdan con nostalgia aquellos tiempos en que la gente dejaba bolsas de basura a pie de portal. Y hace más de 200 años que un feo Hans Christian Andersen destilaba sus penas en cuentos con los que crecimos todos. Y el Quijote sufre de machacona actualidad temeroso de que se mediaticen sus andanzas. Y las palomas han degenerado en ratas con alas. Y la paz se ha vuelto individual.

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