lunes. 03.10.2022

El pintor de la cacería de la osa... y los pescadores de sardinas

El Museo del Bierzo restaura y expone siete cuadros del pintor Primitivo Álvarez Armesto hallados en la casa de los Ucieda en Campo

El Museo del Prado almacena la pintura de pesca con la que Armesto quedó segundo, tras Sorolla, en la Exposición de Bellas Artes de 1895

Paciano Ucieda dispara con su escopeta Remington a la osa en el segundo lienzo. ARMESTO

La osa estuvo durante muchos años en el laboratorio del instituto Gil y Carrasco, mal disecada, hasta que terminó por pudrirse. Lo que pocos sabían es que el pintor berciano Primitivo Álvarez Armesto, contemporáneo de Sorolla, retrató en una serie de tres cuadros la cacería que en 1876 le costó la vida en Los Barrios a Ventura Voyaco, un obrero apodado Moucho que acababa de cumplir el servicio militar y que se había destacado junto a una cuadrilla de vecinos para dar caza al animal que hacía estragos por los alrededores. Armesto, que llegaría a vender dos de sus obras al Museo del Prado, le dedicó una tabla de nogal a la osa, un lienzo al momento en que el desgraciado Voyaco se enfrenta a ella en las orillas del río Boeza y sale malparado, y otro más que recoge el instante en el que don Paciano Ucieda Quiroga, de la familia de los Ucieda Gavilanes y alcalde de Ponferrada entre 1881 y 1882, la remata con un disparo certero de escopeta en la Finca de Valdés, después de que Pihulo de San Lorenzo, otro lugareño conocido por su apodo, no pudiera abatirla a pesar de haberla alcanzado con varios tiros. Y la osa feroz, que había dejado a otros dos heridos de la cuadrilla con sus zarpazos, acabó en el instituto de la plaza del Ayuntamiento de Ponferrada —todavía no se llamaba Gil y Carrasco—, donde aguantó casi un siglo hasta que en los años sesenta, cuenta el historiador Miguel José García González, se deshicieron de lo que quedaba de ella.

Ventura Voyaco sufre los zarpazos de la osa en el Boeza en el primero de los dos lienzos de Armesto. ARMESTO

La historia del ataque de la osa, que apareció recogido en la prensa de la época y se recordó durante décadas en Campo, inspiró al que entonces era protegido de la familia Ucieda, uno de los pintores bercianos del siglo XIX con mayor proyección y una carrera truncada por la precariedad económica y por el talento del valenciano Joaquín Sorolla, que en 1897, quizá su gran oportunidad, le ganó la primera medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes. Aquel cuadro de pescadores de sardinas, mucho más elaborado y con un tema social que revelaba un cambio de rumbo hacia la madurez de Primitivo como artista, obtuvo la segunda medalla aquel año y también lo compró el Museo del Prado, pero hoy reposa —en mal estado de conservación, según la restauradora Coral Llorca, que lo ha visto— en uno de los almacenes de la pinacoteca nacional, eclipsado por la obra de otros autores que sí han merecido un hueco en las paredes de la institución.

Fotografía en blanco y negro del cuadro ‘Pescadores de sardinas’, premiado en 1895. DL

Mejor suerte ha tenido la serie de los tres cuadros de la osa, que junto a otras cuatro pinturas halladas en la casa que los Ucieda en Campo —un retrato de Paciano Ucieda, el autor del disparo, otro de su hermano Jovino, uno más de Teresa Quiroga y Mancebo (madre de los dos hermanos) y un bodegón— acaban de ser restaurados y ahora cuelgan de la sala dedicada al siglo XIX del Museo del Bierzo en Ponferrada, donde ya se exhibían tres cuadros del artista y que ha sido reformada para hacerle sitio a los nuevos junto con una colección de escopetas de caza de los siglos XVIII y XIX de los Ucieda.

Primitivo Álvarez Armesto. ARCHIVO FAMILIA UCIEDA GAVILANES

La cesión y el depósito de las siete obras restauradas por Coral Llorca y otros dos bodegones más que todavía necesitan un trabajo de recuperación ha sido posible gracias a la voluntad que expresó Concepción Ucieda Gavilanes, fallecida en 2015, y la de sus sobrinos y herederos; los Ucieda Arcas, Ucieda Benito y Aranguren Ucieda, según cuenta Francisco-Javier García Bueso, el director del Museo del Bierzo y coautor junto a Llorca y García del estudio sobre Primitivo Álvarez Armesto y el hallazgo de sus cuadros olvidados que ha editado el Ayuntamiento de Ponferrada.

JOVINO

De la existencia de los nueve cuadros en un rincón de la casa de los Ucieda en Campo se tenía constancia desde el año 2000, cuando el profesor de Astorga Pablo Pérez García los vio y escribió un texto sobre ellos. Ni siquiera el escritor villafranquino Ramón Carnicer, que tres años atrás había publicado una biografía y un estudio sobre el pintor de entresiglos, sabía de su existencia. Dos décadas después, por fin ha llegado el momento de contemplarlos en todo su esplendor. «Los cuadros estaban almacenados y no tenían problemas graves», explicaba esta semana Coral Llorca en la misma sala del Museo del Bierzo donde posaba para este periódico junto a Bueso y García, al pie de los retratos de los hermanos Ucieda y su madre. La restauradora ha fijado la policromía, ha limpiado los lienzos y las tablas —el retrato de Teresa Quiroga ocupa una pieza de madera con perfil blasonado— y ha intervenido en los soportes para que las pinturas luzcan como el primer día.

Miguel José García, Coral Llorca y Francisco-Javier García Bueso. L. DE LA MATA

¿Y quién fue Primitivo Álvarez Armesto? Para los que no han leído el libro, difícil de conseguir, que escribió Ramón Carnicer hay que recordar que el pintor vivió entre 1864 y 1939, y fue bautizado en Vega de Valcarce. Hijo de un guardia civil de Espinareda de Vega (no confudir con la localidad del monasterio de San Andrés) procedía de una familia de labradores, «antiguos hijosdalgo con valiosas relaciones familiares y sociales», cuentan García, Bueso y Llorca en su estudio.

Apadrinado por los Ucieda, que le encargaron algunos retratos, —explica Miguel García— mientras pasaba una temporada en la casa de Campo, Armesto también logró una beca de la Diputación y tres años de pensión en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y otros tres en Roma para formarse como pintor. Casado con una prima carnal y padre ya de dos hijos, en 1895 obtuvo su primera ‘segunda medalla’ en la Exposición Nacional de Bellas Artes con un cuadro titulado Víctimas del mar que se conserva en el Tribunal Superior de Justicia de Las Palmas de Gran Canaria por depósito del Prado. Dos años después repitió con Los pescadores de sardinas, que inspiró un poema de Ramiro de Maeztu «de aliento social revolucionario romántico», explican los autores del estudio.

Escopetas de los Ucieda. L. DE LA MATA

Armesto no recibió ni siquiera una mención en las siguientes exposiciones nacionales a las que se presentó. Tampoco consiguió la cátedra de Dibujo del Antiguo y Natural de la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, aunque en el periodo entre los dos siglos vendió más de un lienzo de tema histórico, sobre todo a la Diputación de León, además de acuarelas y dibujos. Eso no impidió, sin embargo, su regreso a Villafranca del Bierzo en plena crisis de la filoxera. Allí no logró los apoyos necesarios en el Ayuntamiento para crear y dirigir una Escuela de Artes y Oficios en 1901 —ya tenía dos hijas más— y ese año participó en la restauración de cinco tablas del retablo antiguo de la catedral de León. Encasillado como ‘pintor de historia’, en 1907 se dedicaba a vender seguros agrarios en la comarca de Villafranca y se había puesto a experimentar con éxito en el campo de los abonos químicos, hasta el punto de ganar algún premio.

En 1910, Primitivo y sus hijos Miguel y Primitivo Ticiano se embarcaron juntos para Buenos Aires, donde pintó para particulares y para el centro leonés. Sus dos hijos morirían en Argentina antes que él, y aunque no dejó de pintar, falleció en soledad el 7 de septiembre de 1939 «con una situación económica precaria».

Hoy aquellos primeros cuadros encargados por la familia Ucieda en Campo se exhiben junto a la colección de escopetas de caza de Paciano Ucieda en la sala del Museo del Bierzo. Escopetas antiguas, de chispa y llave de miquelete, o de llaves de pistón, armas de antecarga que necesitaban una baqueta para comprimir la pólvora, cuenta García Bueso. Ninguna de ellas fue la Remington que según el cuadro de Armesto usó don Paciano, «avezado tirador», para abatir a la osa que aterrorizaba a Los Barrios.

El pintor de la cacería de la osa... y los pescadores de sardinas
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