viernes 27/5/22
Emblema del patrimonio industrial del Bierzo

La Recuelga: del hito a la amenaza de demolición

El lavadero de Antracitas de Fabero, ahora en riesgo por un parque solar, empezó a funcionar en 1946 para escoger y lavar el carbón que llegaba de Fabero en las vagonetas de la línea de baldes que la empresa había construido un año antes. Muchas de sus trabajadoras eran mujeres. Fue el más importante de España y su maqueta ocupó un lugar referencial en una exposición monográfica sobre la evolución de la minería celebrada en Madrid en 1954
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Imagen del lavadero de La Recuelga e la década de los 50, todavía activo. CORTESÍA DE ROBERTO MATÍAS

Nieves Fernández tenía 23 años cuando empezó a trabajar en el lavadero de carbón de Antracitas de Fabero en La Recuelga (Santa Cruz del Sil). Allí estuvo 16 meses, hasta que se casó con un picador de la mina La Cazadora. Era 1964 y esta joven de Pardamaza acababa de dejar su trabajo como niñera en Villablino porque cobraba 500 pesetas frente a las 2.800 mensuales que le iban a pagar por lavar, cribar y/o escoger carbón.

Como ella, otras muchas mujeres de las cuencas del Sil y Fabero se agarraron al trabajo en la mina para salir adelante. Casi todas eran jóvenes solteras o viudas que encontraron, principalmente en los lavaderos, una vía para llevar dinero a casa. 

«Trabajábamos en dos turnos y éramos ocho mujeres en cada uno. Las primeras entraban a las seis de la  mañana y salían a las dos de la tarde; y el segundo turno era de cuatro de la tarde a doce de la noche.

Yo separaba las piedras del carbón que corría por unas cintas e iba a parar a los canales. Allí dentro se estaba bien, había buenas ventanas y teníamos una estufa entre dos», recuerda Nieves. Ahora, de aquellos recuerdos le queda nostalgia y también «tristeza» por ver que donde «hubo tanta vida» no queda nada y que lo que ahora se plantea para La Recuelga es menos que la nada: La demolición para instalar paneles solares. Y lo dice desde Santa Cruz del Sil, donde todavía vive a sus 81 años.

Tras la Primera Guerra Mundial, la escasez de carbón propició el auge de la minería y la puesta en servicio del ferrocarril entre Ponferrada y Villablino, en 1919, fue un impulso definitivo para el sector en el Bierzo.

La producción de carbón se fue incrementando hasta alcanzar las 317.600 toneladas solo en la cuenca del Sil en 1945, ya pasada la Guerra Civil. Este fue el año en el que el empresario Diego Pérez, fundador de Antracitas de Fabero, puso en servicio una línea de baldes que conectaba Fabero con La Recuelga. Más de ocho kilómetros de cable sostenido en 95 castilletes metálicos y sosteniendo 246 vagonetas en las que se movía el carbón desde Fabero hasta el borde de la vía del tren en el que había que cargarlo. 

Un año después, en 1946, terminó de instalar el lavadero más importante de España y el segundo en importancia dentro de Europa, con una capacidad anual que superaba las 250.000 toneladas y una capacidad de tratamiento por hora de 200 toneladas.

Fue antes que el Pozo Julia, hoy enmarcado en un Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de Conjunto Etnológico que le otorga protección y del que no se entiende que no forme parte La Recuelga, porque tampoco se entiende la evolución de la minería en Fabero sin la línea de baldes que comunicaba con Santa Cruz ni el lavadero que fue uno de los emblemas mineros del Bierzo. Tanto que la suya fue una de las maquetas estrella en la exposición técnica siderometalúrgica abierta en 1954 en la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid con motivo de su 175 aniversario. 

El tema central de aquella muestra fue el progreso técnico y científico experimentado por la minería y el lavadero de Santa Cruz uno de los mejores ejemplos, puesto en valor por el propio Diego Pérez en una visita oficial en la que el empresario hizo de guía del mismo Francisco Franco. El acto fue emitido en el NO-DO y, como tal, figura entre los archivos de la Filmoteca Española.

«Es fundamental vincular el  lavadero con el BIC Cuenca Minera de Fabero por su importancia histórica y patrimonial, dado su excelente estado de conservación y lo que supuso durante muchos años para el desarrollo de la minería en la cuenca», asegura el investigador e ingeniero de minas Roberto Matías. Él fue el encargado de realizar el inventario del patrimonio histórico industrial que la Junta de Castilla y León publicó en 2010 y que incluye tanto el lavadero de Antracitas de Fabero como el cargue de Victoriano González. 

La figura de BIC que ya ha solicitado el Club El Xeitu garantizaría la protección del lavadero, entendido también como una pieza clave para el proyecto del tren turístico Ponfeblino. «Su pérdida sería irrecuperable», defendió Roberto Matías, que fue más allá y extendió la importancia al conjunto de instalaciones mineras que lindan con la vía del ferrocarril y con la carretera CL-631 en Santa Cruz del Sil. ¿Por qué? Porque «en Santa Cruz es el único sitio donde se puede poner en valor diversa minería del carbón para realizar alguna visita subterránea. A lo largo de toda la línea del ferrocarril no hay un punto mejor situado ni mejor comunicado», afirmó el ingeniero de minas, de nuevo con la vista puesta en el futuro desarrollo del Ponfeblino.

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El lavadero de carbón de La Recuelga estuvo activo hasta los años 70. Cumplió tres décadas de trabajo y después, el edificio que fue un hito ha ido capitulando ante el paso del tiempo, llegando al presente convertido en un emblema para unos y en ruina para otros. Los primeros apelan a su protección y a su recuperación como parte del patrimonio histórico industrial, ligado al Ponfeblino, a la llamada Senda Minera que propone y ha diseñado la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) o a cualquier plan de recuperación y aprovechamiento turístico. 

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La línea de baldes que comunicaba Fabero con La Recuelga, sostenida por 95 castilletes metálicos y por la que corrían 246 vagonetas, en una imagen de los años 50. CORTESÍA DE ROBERTO MATÍAS

Sobre un futuro posible también ha escrito unas líneas el arquitecto berciano Adrián Diez, que en 2018 presentó un proyecto para reconvertir el viejo lavadero en una planta de procesado de castañas para su transformación en harina cuya puesta en marcha necesitaría de una inversión aproximada de tres millones de euros. La iniciativa que ninguna administración ha valorado considera la convivencia de una parte productiva y otra museística visitable. Un plan B para La Recuelga que no contemplan quienes ven una ruina, un resto industrial en desuso susceptible de derribo para instalar en su lugar un grupo de paneles solares de un total que supera los 23.000 unidades, que llega hasta el cargue de la mina de Victoriano González y que, una vez construido, crearía un puesto de trabajo.


 

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