jueves 02.07.2020

La revuelta del pan y el asalto al tren del dinero

Abel Aparicio recupera la historia del robo al tren 485 que dejó dos muertos en Torre en 1939 y la protesta de mujeres por el pan en 1941
El asalto al tren 485 ocurrió entre los túneles 5 y 6 , poco antes de La Granja de San Vicente. DL
El asalto al tren 485 ocurrió entre los túneles 5 y 6 , poco antes de La Granja de San Vicente. DL

Ocurrió siete meses después del final de la Guerra Civil y fue el mayor asalto a un tren en el Bierzo. Aunque pocos, muy pocos se acuerdan de él, a pesar de que terminó con dos hombres muertos. Un martes 24 de octubre de 1939, entre los túneles cinco y seis del lazo ferroviario que desciende desde Brañuelas a Torre del Bierzo, el tren 485 que llevaba a Galicia el dinero de los bancos gallegos desde Madrid en el cuarto vagón del convoy fue asaltado por un grupo de huidos procedentes de la zona de El Páramo de Lago de Carucedo. La cuadrilla, muy numerosa, hizo huir a los dos guardia civiles que custodiaban el dinero después de bloquear la vía para detener el tren antes de la estación de La Granja de San Vicente y matar a tiros a dos funcionarios. Al final del día, antes de separarse, los miembros de aquella banda improvisada que había recibido un chivatazo se repartieron nada menos que 127.451 con 92 céntimos de la época.

Entre el túnel 5 y el 6
El 24 de octubre de 1939, un grupo de huidos bloqueó el tren y se llevó 127.000 pesetas a tiros

La historia del tren 485, sepultada en la memoria popular por otros sucesos como el accidente del tren correo 421, que cinco años después dejaría un centenar de muertos en la boca del túnel número 20 de Torre, es uno de los hechos reales relacionados con la posguerra en el Bierzo Alto que recupera el escritor Abel Aparicio en un libro compuesto por tres relatos y titulado ¿Donde está nuestro pan? que el autor leonés presentará el próximo miércoles 8 de julio en la Semana Negra de Gijón, dentro del espacio ‘ A quemarropa’ y acompañado por otro narrador que se ha inspirado en la historia reciente del Bierzo en su última novela, el también comisario de la Policía Local de la ciudad asturiana, Alejandro M. Gallo. autor de Franco debe morir, donde convierte en real el falso atentado contra el dictador durante al inauguración de la térmica de Compostilla en 1949.

En la Semana Negra
La Semana Negra de Gijón presenta ‘¿Donde está nuestro pan?’, prologado por Ana Gaitero, el día 8

El libro de Aparicio novela lo que les ocurrió después del asalto a algunos de sus protagonistas, como los dos guaridas civiles, juzgados y condenados a penas leves por huir del lugar del asalto para salvar la vida, y alguno de los ladrones, como Silvestre López Moral, natural de Lago de Carucedo, que escapó a Portugal con su parten del botín. Aparicio reconoce que le ha costado dar con testimonios sobre aquel suceso, que sí dejó una traza documental con el proceso a los guardias.

Pero no es el único hecho histórico al que le quita el polvo. En la misma narración recuerda que en 1936, y durante los primeros días del golpe de Estado que causó la Guerra Civil, voló por los aires el puente de Valbuena de la Encomienda.

El primer relato del libro editado por Marciano Sonoro Ediciones también rescata un episodio de 1941 en Torre del Bierzo que llevó a un grupo de esposas de ferroviarios, muy combativas, a protestar por la falta de pan en el racionamiento. «Piensa en treinta y nueve mujeres dirigiéndose al ayuntamiento en el año 1941. La imagen es glorios», cuenta Aparicio.

La revuelta del pan sucedió el lunes 13 de octubre de 1941, poco después de que el Ayuntamiento se trasladara desde Albares de la Ribera a Torre del Bierzo. La localidad minera era entonces una de las estaciones de ferrocarril más importantes para el tráfico del Noroeste y allí destinaban, como castigo por su apoyo a la República, a muchos ferroviarios de toda la geografía nacional, instalados en el pueblo junto a sus familias.


Mujeres en los baldes de Almagarinos a Brañuelas. DL

El entonces alcalde de Torre, el empresario minero Virgilio Riesco -Aparicio se inspira en él pero su regidor es ficticio- no se lo podía creer cuando aquel día vio llegar a las mujeres en manifestación hasta las puertas del Ayuntamiento, indignadas porque no se distribuía el pan con el racionamiento.

«La harina no llegaba a la panadería», explica Aparicio, por un error administrativo, y cuando por fin apareció la remesa retrasada, el Ayuntamiento la guardó en lugar de distribuirla para preparar las raciones atrasadas.

Todo aquello acabó con otro proceso contra las 39 manifestantes, que se habían atrevido a desafiar al poder local en lo más duro de la represión de la posguerra, y con el alcalde, cabreado con aquellas «mujeres de lengua viperina» que se habían concentrado ante al Casa Consitorial, cuenta Aparicio.

En el tercer relato del libro, que cuenta con un prólogo de la periodista de Diario de León Ana Gaitero, Aparicio recupera una historia de la que ya escribió el pasado año en este periódico al cumplirse el centenario de la línea de baldes que trasladaba el carbón desde la localidad berciana de Almagarinos, en la cuenca de Tremor, hasta Brañuelas; la de Libertad Aurora Suárez, que trabajo trece años en el teleférico junto a otras mujeres.

Mujeres que cobran la mitad que los hombres. Y eso eran seis pesetas y media al día frente a las 13 pesetas que recibían los varones.


Abel Aparicio en el actual puente de Valbuena. DL

La parte histórica del relato narra, cuenta el autor, «la persecución, huida, represión y vuelta a Almagarinos de una familia del pueblo». Una familia marcada por las revueltas mineras de 1933 y principios de 1936 en la localidad.

Aparicio está empeñado en poner en valor el trabajo de aquellas mujeres en los baldes -ha escogido esa imagen para la portada del libro que lleva a la Semana Negra de Gijón-, aunque el centenario ya haya pasado, ya ha propuesto al Ayuntamiento de Igüeña que organice «un pequeño acto de homenaje»..

Y el último hecho histórico que también se cuela en el tercer relato tiene que ver con el asesinato de un grupo de bercianos, detenidos al comienzo de la guerra, el 4 de agosto de 1936 en la Curva de La Retuerta en el puerto de Manzanal, que curiosamente es la misma Curva de la Muerte donde Alejandro Gallo sitúa el atentado de la guerrilla contra Franco en su novela Franco debe morir. Aparicio, que en una licencia creativa que gustará a los aficionados de la Deportiva inventa un partido de la Ponferradina para ascender a Primera División, convierte en un personaje de su relato al jugador fusilado aquel 4 de agosto en la Curva de la Retuerta; un lugar donde, está claro, la realidad y la ficción se enredan otra vez en un abrazo terrible.

La revuelta del pan y el asalto al tren del dinero