miércoles. 06.07.2022

El caso que ahora se juzgará en la Audiencia Nacional arrancó en abril de 2017 con el registro de los mataderos de Toreno y Astorga por la Europol, con la participación de la Guardia Civil. La denominada operación Gazel, desarrollada por la Unidad Central Operativa de Medio Ambiente del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona), se centró en la venta de carne de caballo no apta para el consumo humano al no estar sometida a los controles sanitarios preceptivos. La desarticulación de la organización se saldó con la detención de 65 personas en toda España entre propietarios de mataderos, veterinarios y ganaderos.

Fue el juzgado de Primera Instancia número 4 de Ponferrada quien dirigió la operación, y también en la capital berciana se practicó una de las dos primeras detenciones. La operación fue considerada como una de las más importantes coordinadas por Europol, al existir gran cantidad de países de la Unión Europea afectados y cuyos cuerpos policiales colaboraron con la Guardia Civil en la desarticulación de este entramado criminal. Según fuentes de la investigación, los animales que se sacrificaban en Toreno procedían de Portugal de la práctica de deportes equinos, y también de diferentes puntos del norte de España. En total fueron dos los detenidos. La carne era enviada a Bélgica y la trama llegó a ganar más de 20 millones anuales con la venta de la carne fraudulenta, según la Guardia Civil. 

Aunque la operación de la Guardia Civil, en colaboración con Europol, se llevó a cabo en 2017, cuatro años antes, en 2013, fueron detectadas en Irlanda unas hamburguesas de vacuno que contenían carne de caballo. En la investigación se vieron afectadas empresas comercializadoras, fabricantes de productos congelados y restaurantes de comida rápida y se llegó a la conclusión de que detrás de su comercialización podría estar un ciudadano holandés muy conocido en el mundo de la carne de caballo, que en aquel momento estaba en paradero desconocido. 

Horsegate saltó a los medios de comunicación en 2013, al descubrirse que una importante cárnica francesa había vendido cientos de toneladas de carne de caballo haciéndola pasar por ternera y con la que se fabricaban platos precocinados como lasañas, musakas o chili.  En 2016, la Guardia Civil detectó indicios atípicos en el sector de la comercialización de la carne de caballo que llamaron la atención tanto de profesionales del sector como de los agentes del Seprona, lo que dio inicio a la operación «Gazel». Los agentes comprobaron la existencia de una trama que adquiría caballos en malas condiciones.

La trama llegó a ganar 20 millones con la venta ilegal de carne
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