viernes. 27.01.2023
EL PLAN Ibarretxe constituye un intento de secesión con graves repercusiones no sólo políticas e institucionales sino sociales y económicas. En una comunidad autónoma con presencia de pistolas y con un intento de romper lazos con su principal mercado, España, las expectativas de crecimiento económico son muy mediocres y se deteriorarán cada vez más. La intensidad y la rapidez de ese proceso no será la misma si el movimiento secesionista tiene éxito como si no lo tiene pero se crea un clima de permanente tensión entre el gobierno nacionalista y el del resto del Estado. En cualquiera de esos dos escenarios, el coste económico para Euskadi de las aventuras separatistas de sus gobernantes puede ser muy alto. La combinación ETA-PNV está empobreciendo Vascongadas desde hace veinte años. Imagínense la Arcadia Vasca independiente de Ibarretxe. Sería lo más parecido a la Albania de Enver Hoxa, el viejo tirano comunista de los cincuenta. ¿A quién iban a vender los vascos sus bienes y servicios, de dónde los iban a importar? Obviamente, el resto de España se les cerraría como mercado y también es obvio que ningún gobierno europeo apoyaría la incorporación a la UE de Euskadi con la oposición del gabinete español. Es razonable pensar que las compañías del resto de España con una presencia significativa en el País Vasco lo abandonarían. En este escenario, la «albania vasca» de los batasunos y de los peneuvistas sería inviable económicamente y/o forzaría a sus habitantes a experimentar una caída brutal de su nivel de vida. El otro escenario, un conflicto persistente con el gobierno nacional, tendría un impacto muy negativo sobre los inversores domésticos y extranjeros en Euskadi. Si además existe la posibilidad de que haya «tortas» de por medio, la tentación de coger el dinero y salir corriendo es muy alta. Por añadidura es posible que se produzcan fenómenos similares a los del espontáneo boicot al cava contra las empresas vascas de distribución. Por ejemplo, ya empiezan a circular SMS animando a no comprar en Eroski. El órdago lanzado por el PNV le va a pasar una factura enorme al País Vasco. Sus ciudadanos van a entonar muy pronto el viejo dicho de Foxá cuando los aliados bloquearon España después de la Segunda Guerra Mundial: «menuda patada le van a dar en nuestro trasero al nacionalismo vasco»

El coste económico
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