miércoles. 10.08.2022

Motores a medio gas por las ballenas

Una oceanógrafa británica coloca un robot submarino en la costa de Chile para localizar a los cetáceos y avisar a los barcos para que reduzcan su velocidad y así la contaminación acústica en el mar.
Una ballena varada en una playa de Chile, posiblemente por culpa del ruido. ARMADA CHILENA

efe | santiago de chilo

El ruido que producen los motores de los barcos pasan factura a las ballenas de la costa de Chile, donde se concentra la mitad de avistamientos de esta especie en el mundo, que sufre graves daños auditivos, problemas de comunicación entre ellas y hasta varamientos en las playas.

«El océano es un medio acústico. El sonido se propaga mucho más rápido en el agua que en el aire y toda la fauna marina ha evolucionado para comunicarse de una forma concreta», explica la oceanógrafa británica Susannah Buchan, quien ha colocado un robot submarino para detectar ballenas y poder protegerlas en Chile.

Buchan se doctoró en la Universidad de Concepción, a 515 kilómetros al sur de Santiago, donde realiza una investigación pionera en Latinoamérica con el objetivo de localizar en tiempo real a los cetáceos del mar chileno para así alertar a los barcos cercanos para que reduzcan la velocidad de sus motores. Otra de sus finalidades es evitar la colisión de las ballenas con las embarcaciones, segunda causa de fallecimiento de estos gigantescos mamíferos, después de su pesca involuntaria en grandes redes.

«El ruido aumenta el estrés de las ballenas, reduce su espacio de comunicación y hasta pueden sufrir daños temporales y permanentes auditivos. En los impactos de sonidos más fuertes, como en embarcaciones militares, se pueden producir varamientos en orillas», puntualiza Buchan.

Esta oceanógrafa denuncia que se están «inyectando» grandes cantidades de sonido en el medioambiente marino «sin consciencia» del impacto que tiene en animales que dependen de las ondas para comunicarse, como es el caso de la ballenas.

Por este motivo, Buchan importó de Estados Unidos dos robots submarinos que se sumergen en las aguas del océano Pacífico y que cada dos horas salen a la superficie para enviar los sonidos recopilados con dos hidrófonos (micrófonos sumergibles) que hasta ahora están probando en la zona del golfo Corcovado.

Esta investigadora recibe los datos en su ordenador y de este modo puede saber, casi en tiempo real, dónde se encuentran los cetáceos y avisar a las autoridades.

Motores a medio gas por las ballenas
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